miércoles, 16 de enero de 2013

Capítulo II Organización nacional



Funcionamiento del estado
I
Todo movimiento social necesita, para ser tal, el apoyo de la sociedad; y el cooperativismo no es la excepción a esa regla. No hay forma de lograr transformar a las sociedades actuales a los principios cooperativistas, si éstas no son primero educadas en tal sentido. Por lo tanto es fundamental que cada integrante del movimiento, aboque sus fuerzas al estudio y divulgación de nuestras premisas. Pero cuidado, la educación cooperativista no está basada en el convencimiento fanático ni en el sometimiento del otro a un grupo de ideas en particular (En este caso las nuestras) como sucede con la educación en la actualidad, sino en la interrelación constante de conocimientos en pos de un objetivo en común. Para ello, el individuo cooperativista deberá estudiar profundamente los basamentos de sus convicciones, sin dar por sentado argumentaciones preexistentes y prestando suma atención al aporte de terceros que vengan a nutrir nuestro ideario.  Los únicos tres principios irrenunciables serán: La abolición del dinero, o cualquier tipo de moneda de cambio, la democracia directa de base sin representación partidaria, y la eliminación de cualquier tipo de fuerza  de seguridad; pues allí sostiene nuestra filosofía política su fundamento. Habrá entonces que tener especial cuidado en esto, pues no serán pocos quienes intentarán, en el amanecer de este movimiento, corromper nuestros ideales. Pero si prevalecemos en nuestros principios fundamentales, y atendemos correctamente los aportes que puedan venir, la victoria será nuestra, y por ello, de toda la humanidad.

II
 La abolición del dinero no es el fin del cooperativismo, sino su principio. No será posible poner en práctica ningún modelo social superador, en tanto exista con qué corromperlo. Pero para poder hacerlo, será indispensable tomar ciertos recaudos, y preparar ciertas bases. Cuando el cooperativismo obtenga el gobierno, será para desprenderse rápidamente del poder, o será el poder mismo quien rápidamente se desprenderá del cooperativismo. No habrá dudas ni concesiones, y deberemos estar preparados para echar manos a la obra de inmediato.
 El funcionamiento operativo de la producción y la organización social dada por el mundo mercantilista de hoy, será tomada como está y, con un mínimo de modificaciones, aprovechada al máximo durante el tiempo que sea necesario, para que su transformación definitiva se de naturalmente y no sea traumática. Sin embargo, la abolición del dinero deberá ser, rápidamente organizada, y puesta en práctica con la mayor celeridad posible, pues estaremos corriendo una carrera contra reloj para desterrar la corrupción, y cada día que se demore, seremos más propensos a la derrota.
 A pesar de ello, las decisiones que tomaremos no serán apresuradas, pues todo cuanto hagamos será hijo del escrutinio previo, y del pleno conocimiento de la sociedad toda. Serán decisiones rápidas sí, pero no arrebatadas. Firmes, pero sometidas con mucha antelación al reconocimiento y compromiso de todos los hombres. Para dar prueba de ello, enumeraremos aquí una serie de medidas que podrán ser de aplicación rápida, para que cuando el glorioso día de la finalización del dinero llegue, todos nosotros continuemos con nuestra vida, nuestros trabajos y nuestros estudios, sin que la sociedad actual se resienta en lo absoluto; y, partiendo de ese nuevo amanecer, construir la sociedad nueva que soñamos y deseamos para las futuras generaciones.

III
 El modelo de sociedad actual, basado en el dinero, está organizado laboralmente de la siguiente manera. Todo empleado y obrero, trabaja ocho horas diarias, (Más extras adicionales) y por ello recibe un sueldo el cual canjear por vienes, servicios o productos. En la actualidad todos los empleados legales, estatales y privados se encuentran bancarizados. Es decir, el estado tiene conocimiento de ellos pues están dentro del sistema informático. Basándonos en ello, tenemos la mayor parte de un gran problema resuelto; el estado sabe cuantas personas empleadas (En blanco) hay en el país. Los empleados ilegales, o en negro, se encuentran en esa razón por cuestiones meramente económicas, (Evasión impositiva, o precarización laboral para bajar costos) La primera acción cooperativista será confeccionar un registro absoluto de toda la masa laboral del país que no se encuentre dentro del sistema informático, y ponerse al tanto de su situación real, sus capacidades y limitaciones, y su disponivilidad. No con el fin de tomar acciones contra los evasores, sino para saber, a ciencia cierta, con qué masa laboral dispone la nación. Una vez hecho esto, se confeccionará un registro de los desocupados, y sub ocupados y se los ingresará al sistema informático general, se los dotará de tarjetas de trabajo (Que sustituirán las tarjetas de crédito y débito) y estarán, según sus capacidades y necesidades de la sociedad, en disposición inmediata de ser empleados.
 Cuando esa colosal tarea sea llevada a cabo, se reducirá la jornada laboral a cinco horas diarias, cinco días de la semana; obligatorias, para todos los ciudadanos mayores de diez y ocho años. Esto generará inmediatamente una gran cantidad de puestos de trabajo que serán rápidamente ocupados por los nuevos trabajadores. En ese momento, el dinero será abolido.
 El trabajador, a partir de allí y sea cual fuere su tarea, no trabajará por un sueldo mensual, sino para poder disponer libremente del producto o servicio del resto de los trabajadores. Las “compras” de esos productos y la contratación de esos servicios, se llevarán a cabo de forma similar a la actual, ya no con tarjetas que debitan dinero de sus cuentas personales, sino esgrimiendo la tarjeta de trabajo que, será a su vez, la tarjeta de fichaje de la jornada laboral. Toda persona que trabaje cinco horas diarias tendrá derecho a disponer de todos los productos socialmente confeccionados, y todos los servicios de los cuales la sociedad dispone.

IV
El Cooperativismo no propugna ni la disolución del estado, ni su mantenimiento en los términos actuales. Si bien coincidimos con las doctrinas que sostienen que el estado es un organismo destinado a preservar los grupos de poder y sus intereses particulares por sobre los de la mayoría que dice representar, consideramos que no es posible mantener la conexión de las redes productivas en un conjunto armonioso, si no hay una entidad que se encargue de ello. Pero para que el estado funcione correctamente deberá ser profundamente cooperativo y democrático, y para que eso ocurra la democracia solo podrá ser directa. Así, el sistema de gobierno cooperativista invertirá su estructura piramidal, tomando todas las decisiones estatales en la constante relación de sus bases y las necesidades que nazcan de ellas.
 Para ello, será necesario dividir el estado en: Cotos, barrios, comunas,  municipios, estados, regiones, y centrales nacionales; siendo este último quien englobará la totalidad del país. (Estos estamentos podrán ser reducidos o ampliados, según las necesidades de cada región. No es igual la división estratégica de las fuerzas de producción en una gran metrópolis que en una campiña) Y cada uno de estos estamentos, será de un número de integrantes tal que no dificulte la elección directa de su delegado. El delegado elegido directamente, no tendrá bajo ningún concepto, poder de decisión sobre los electores que le dieron el cargo, y su trabajo no será gobernarlos, sino ser gobernado por ellos. El trabajo en el estado será obligatorio para todos los individuos mayores de veinte años, en mandatos de tres años, sin posibilidad de reelección, hasta que todos los integrantes del Coto hayan cumplido funciones, y sin que puedan ser sucedidos directamente en el cargo por un integrante de su propia familia. El funcionario cumplirá con el cargo de delegado, siendo éste el único rango público de la administración estatal. De cada uno de los estamentos surgirá un delegado que pasará a formar el estamento superior. (Por ejemplo: De diez cotos saldrán diez delegados conformando así un barrio. De diez barrios saldrán diez delegados conformando así una comuna. De diez comunas saldrán diez delegados conformando así un municipio; y así sucesivamente hasta llegar a la central nacional). La función del delegado del Coto es la de exponer las necesidades de su coto, y relacionar las actividades productivas del mismo con las de los demás cotos dentro de la estructura del barrio. Así, cuando haya necesidades que los barrios no puedan solucionar entre sus cotos, se recurrirá al estamento superior, llevando la necesidad o propuesta del barrio a la comuna, de la comuna al municipio y así sucesivamente. Cada estamento, cubrirá un aspecto más amplio del país, y podrá, merced a esto, organizar las fuerzas productivas rápida y eficientemente, respondiendo así a las necesidades reales de las bases. Dentro de la estructura estatal cooperativista, ningún estamento tiene poder sobre el otro para obligarlo a tomar decisiones contrarias a sus intereses productivos. Por ejemplo: Una región no puede obligar a un barrio a ceder mano de obra a otro municipio porque a ese le falta. El fundamento cooperativista no será construido autoritaria ni arbitrariamente; sino que necesita de hombres y mujeres dispuestos a trabajar por el bien común y ello no puede ser impuesto. Si, continuando con el ejemplo anterior, una región  recibe la solicitud de un barrio que necesitará mano de obra de la cual no dispone, deberá requerir ayuda cooperativa a otro barrio, o municipio, o región en la cual esa mano de obra sea común o excedente, y deben ser ellos, quienes sin presiones de ningún tipo y por simple espíritu cooperativista, resuelvan si están en condiciones de prestar esa ayuda, en el convencimiento que el trabajo de uno es trabajo de todos, y todos necesitaremos constantemente del otro para poder funcionar como sociedad. Llevemos el ejemplo a la práctica para aclararlo definitivamente, pongamos por caso que un coto necesita asfaltar sus calles, pero no hay en el barrio al cual corresponde, ninguna empresa que realice este servicio. Pues bien, su delegado debe elevar la solicitud al estamento superior (Superior en tanto de cobertura geográfica, no de rango o autoridad), y de allí al otro, hasta encontrar la empresa que pueda realizar el trabajo. Puede suceder también (Sobre todo en los primeros momentos de la estructuración cooperativista, cuando (Lógicamente y debido a los años de atrasos en sus reclamos) los ciudadanos tendrán más problemas por resolver de los que la organización pueda satisfacer) que al contactar la empresa, esta no de a vasto o no se halle en condiciones de realizar el trabajo. Pues bien, se resolverá entonces en el coto o barrio, o municipio, si existe la posibilidad de capacitar  y reubicar a trabajadores para realizar la tarea, y se creará una empresa con tal fin. Así, será la misma población la cual irá, con el tiempo, generando los empleos que realmente le son útiles y necesarios, y desechando aquellos que carecen de sentido y eran sostenidos únicamente por una cuestión mercantilista.

El estado y las empresas



I
 Las empresas, ya sean privadas o estatales, pasarán automáticamente a ser un bien común de todos los trabajadores. No pudiendo, ni estado ni particulares, atribuirse derechos de manejo, control o dominio sobre las mismas, hayan sido fundadas por quien hayan sido fundadas. Como se a visto en los párrafos anteriores, todos los empleados de la empresa (Incluidos sus antiguos dueños) podrán continuar ejerciendo su cargo por el tiempo que estipula la organización cooperativista (Ver organización de la fuerza laboral) siempre y cuando se demuestre en la práctica su capacidad para ello.
 La empresa, al igual que la sociedad, (Dependiendo el número de sus empleados) también podrá ser dividida en distintos estamentos que propicien la toma de decisiones por elección directa de sus componentes. Por ejemplo: Una empresa automotriz con diez mil empleados en su planta, podría dividirse en secciones como: talleres, línea de montaje, administración, distribución, concesionarias, etc; y cada una de estas secciones tomar decisiones independientes sobre la optimización de su fuerza, capacidad, y recurso humano; las cuales serían luego consensuadas en un consejo de secciones. (Así, las empresas pueden estructurarse y relacionarse entre sí, de forma similar que el estado, no necesitando permiso o autorización de este para su interrelación productiva)
 Hay muchos ejemplos actuales de cómo empresas cooperativas, con todas las limitaciones del mercantilismo actual, han logrado organizarse, en muchos casos, mejor que cuando eran administradas desde una cabeza central. Ahondar en ejemplos sería limitar las posibilidades que la práctica del trabajo diario nos da y demuestra día a día. El cooperativismo es hoy, y deberá seguir siendo siempre, una fuerza en constante desarrollo, pues cuanto más cabezas se sumen al movimiento, más enriquecedor será el debate, y mayor el número de posibilidades.

  II
 En efecto, no desconocemos que, en el mundo actual, hay una diferencia muy grande entre quien trabaja en una fábrica o comercio, y quien es el dueño de esa fábrica o comercio. Al saber del cooperativismo, las diferencias de clases en tal sentido no deben ser profundizadas por viejas antinomias, para que éstas puedan saldarse de manera natural y pacífica. El empleador, o dueño de una fábrica o comercio, tendrá una utilidad igual de productiva que el empleado que hasta ayer estaba bajo su cargo y tutela; pero deberá adaptarse al nuevo sistema. El cooperativismo no propugna la confiscación de bienes, en tal sentido. El hasta ayer dueño de una empresa o comercio en particular, no deberá abandonar su cargo y su trabajo en el cooperativismo a manos del proletariado, pues él es tan importante como quien pone sus manos para la confección de un producto; y si ha venido desarrollando un cargo gerencial, tal vez (Y solo tal vez) esté más capacitado para ello que otro. Él sabe dónde solicitar materias primas, cómo distribuir los productos, sabe sobre las fluctuaciones de las demandas; en general, él será, seguramente, el más capacitado para, sin caer ya en espurios intereses de enriquecimiento propio, orientar la fuerza productora de la empresa o distribuir eficientemente sus productos.
 Sin embargo deberá hacerlo sabiendo que esa empresa ya no es de su propiedad exclusiva, sino un bien común, y que no tendrá poder de mando sobre las decisiones de quienes estaban a su cargo, sino que deberá consentir con ellos, como un trabajador más, los lineamientos generales; debiendo prestar especial atención a las opiniones que surjan de la práctica en los talleres.
 El hasta ayer jefe, será un empleado más. Trabajará en el mismo cargo que desempeñaba por el tiempo que el sistema le demande, las mismas horas que el resto de los empleados y tendrá acceso a los mismos beneficios que el resto de los empleados. La fábrica o empresa que levantó en el viejo sistema mercantilista, (Fruto de su trabajo particular o la explotación de sus congéneres) es, a partir del nuevo escenario, tanto de él que la fundó, como de los empleados que la hicieron grande, y por extensión, de la sociedad en su conjunto. De este modo, empleador y empleado pasan a ser iguales en rango, no pudiendo ninguno de manera unilateral y arbitraria tomar decisiones sobre el otro, o su trabajo. Sabemos, que esta nueva filosofía no será aceptada fácilmente por quienes hoy detentan el poder, pero confiamos que con el tiempo necesario, y la maduración intelectual del individuo y la sociedad toda, se comprenderá cabalmente; y podrá, no solo ser aceptada, sino también enriquecida.

III
Por su parte, los hasta ayer empleados, serán quienes tendrán en sus manos el funcionamiento integral de la empresa, como puede verse hoy mismo en las cooperativas laborales que se han generado producto de las distintas crisis económicas. Ellos son, por estar en contacto diario con las formas de producción, quienes más saben qué necesita una empresa, o en que forma organizar el trabajo, para producir más o mejor.
 Vencidas las trabas económicas, el ambiente laboral podrá ser un lugar apto para el desarrollo intelectual de los trabajadores en pos de las tareas que realizan. Los ámbitos de trabajo, ya no serán fríos en invierno, calurosos en verano, e inseguros los 365 días del año, pues la economía que hacía al dueño de la empresa ahorrar recursos en infraestructura para maximizar sus ganancias, habrá sido abolida, y serán los trabajadores mismos quienes acondicionarán esos lugares para hacerlos agradables a su tarea. También serán ellos, por estar en contacto diario con ellas,  quienes sabrán cuando una máquina no es la correcta, o cuando podría ser mejorada de tal o cual manera; y no necesitarán autorización de un estamento superior para modificar la línea de producción con tal de optimizarla, sino solo ponerse de acuerdo en cómo hacerlo. La cultura del trabajo, convertida actualmente en la venta particular de una capacidad o una fuerza personal, será remplazada por la conciencia social del trabajo en conjunto, en pos, ya no de un beneficio individual, sino del bien general. Todos los hombres y mujeres del mundo trabajarán para todos los hombres y mujeres del mundo por igual. Todos serán, en el sistema cooperativista, empleados y empleadores a la vez, y ninguno en particular tendrá poder de decisión sobre ninguno en particular.

Organización de la fuerza laboral



I
La organización de la fuerza laboral llevará años para alcanzar la maduración necesaria que le permita funcionar al pleno del ideario cooperativista. La tarea a realizar es tan grande y profunda que no se resolverá simplemente movilizando trabajadores de un oficio a otro, sino acompañando ello con una fuerte educación en tal sentido. Ningún cambio social cooperativo podrá darse en la práctica, si los individuos particulares no están absolutamente consustanciados con la idea que todos trabajamos para todos, y debemos ser consecuentes con ello. Para explicar cabalmente el funcionamiento de trabajo social cooperativista, deberemos, primero, plantear los lineamientos de nuestra ideología laboral en un estado ideal, y luego, ya sabiendo cual es el objetivo a alcanzar, delinear cómo se adaptará el sistema actual para que, progresivamente y sin cambios traumáticos, se llegue a eso.

 II
La estructura laboral cooperativista será organizada de la siguiente manera:
1) Todo ciudadano, hombre o mujer, de entre 18 y 58 años tiene la obligación para con el resto de la sociedad de trabajar en pos del sostenimiento colectivo, brindando su capacidad intelectual o fuerza física al servicio de los demás.
2) Será considerado trabajo, en el cooperativismo, todo aquello que genere un aporte al mantenimiento material de la sociedad en general.
3) El trabajo será de cinco horas correlativas y diarias, cinco días de la semana, en el horario a convenir por la necesidad comunitaria, las tendencias del individuo, y sus actividades extra laborales. Los trabajadores gozarán de dos periodos vacacionales al año. Las vacaciones estivales serán de  21 días, y las invernales de 14; y se respetarán todos los asuetos o feriados que las distintas regiones o naciones dispongan, merced a sus fechas conmemorativas particulares.
4) Los trabajadores tendrán una tarjeta magnética de trabajo, donde constarán sus datos personales,  el lugar de trabajo, y el cumplimiento de la jornada laboral, la cual deberán esgrimir para solicitar cualquier servicio o producto de la sociedad; desde un kilogramo de pan, hasta un automóvil.
5) Los trabajos serán escalonados en cargos fijos de cinco años cada uno, siendo reservados los de mayor esfuerzo físico a las generaciones más jóvenes, hasta llegar a los más descansados en las edades más adultas, habiendo avanzado, en el transcurso de la actividad laboral de toda su vida, en ocho cargos distintos; ya sea dentro de la misma empresa o actividad, o no. No es la voluntad del cooperativismo provocar grandes desplazamientos geográficos de masa laboral, como han hecho otros movimientos en el transcurso de la historia. La idea es que cada zona pueda disponer de mano de obra y capacitación propia, y que el sistema esté perfectamente bien conectado, para que sean los productos quienes se desplacen y no las personas. Sin embargo sabemos que habrá profesiones en particular, (Como, por ejemplo, la docencia o la medicina) que tal vez sí requieran del traslado de personal. Por lo cual toda aquella persona que se incline por esas actividades será instruida en tal respecto para que sepa que tiene mayor propensión a solicitársele el traslado geográfico. Más allá de esto, dicho traslado deberá ser consensuado, y jamás, por ninguna razón o fundamento, bajo ningún término o condición, podrá dentro del cooperativismo obligarse a una persona a accionar contra su voluntad.; ni en materia laboral, ni en ninguna otra.
6) Los trabajadores podrán convenir entre sí, mantener su rango laboral si lo consideraran adecuado para el funcionamiento general de la empresa, pero no pudiendo excederse en ello por más de dos cargos (10 años) ni en una cantidad superior a la mitad de empleados en ese cargo (Por ejemplo, si en una línea de producción de una empresa hay 50 obreros, solo podrán un máximo de 25 solicitar continuar allí), debido a que la masa laboral se renueva constantemente y si todos conservan indefinidamente sus cargos, el sistema terminaría resintiéndose.
7) Habrá que poner especial cuidado en la vocación personal, o en las limitaciones tanto físicas como intelectuales de cada individuo a la hora de asignársele un trabajo en particular. No todas las personas están capacitadas para realizar los mismos trabajos, y es condición indispensable del cooperativismo indagar en esto para que la jornada laboral sea, para los ciudadanos, algo a lo cual brindarse con alegría y disposición de ánimo, y no con desgano o mala voluntad.
8) Toda aquella persona que, por enfermedad o discapacidad de sus funciones, no pueda prestar servicio a la comunidad, quedará exenta del trabajo, siendo mantenido por el conjunto de la sociedad, en igualdad de derechos que la fuerza laboral; sin embargo, podrá acceder a él si lo considera un hecho de integración o necesidad para la realización personal, pero, bajo ningún concepto, estarán obligados a él si su consideración va en contrario.
9) Ningún puesto o cargo podrá ser negado a ninguna persona por cuestiones de etnia, convicciones religiosas, o elección sexual; como así tampoco, por discapacidad física o mental que no le impida realizarlo. (Por ejemplo, una persona en silla de ruedas no puede trabajar en una mina, pero sí en una oficina)
11) Será optativo en las parejas con hijos, la selección de uno de los miembros para el cuidado y crianza de los menores (Hasta los 18 años) Este trabajo será considerado a la par del trabajo cooperativo, quedando el padre o tutor encargado a tal fin, liberado de realizar otro tipo de tarea laboral en la sociedad.
12) Toda persona mayor de 18 años queda comprometido automáticamente al trabajo cooperativo, debiendo, para tener acceso a la producción, trabajar. Aquellos individuos con aspiraciones catedráticas, deberán continuar sus estudios en el periodo considerado de esparcimiento o extra laboral, cumpliendo así con sus cinco horas diarias de trabajo. Y, una vez obtenido el título que pretendan, serán reubicados acorde a su función específica.
13) Los ciudadanos mayores de 58 años quedan liberados del trabajo obligatorio (Serán jubilados), pero podrán continuar ejerciendo servicio voluntario por 5 años más, si así lo desean, en la capacitación de la nueva masa laboral que se integra al sistema, o el traspaso de experiencia adquirida en las distintas funciones.
14) toda profesión artística, religiosa, o deportiva será considerada en el nuevo sistema como vocación extra curricular, y no podrá ser tenida en cuenta a la hora de cubrir un puesto productivo en demanda de la tarjeta laboral. El artista, el religioso, o el deportista dispondrán en el futuro de largas horas de ocio y esparcimiento para desarrollar su actividad y congregarse con distintas personas en pos de la difusión de la misma. La música, la actuación, las artes plásticas, serán en el sistema cooperativista tenidas profundamente en cuanta y fomentadas en  función del enriquecimiento social; la espiritualidad, en todas sus ramas y vertientes, será considerada fundamental para el desarrollo humano, como así también el deporte o el conjunto de actividades atléticas; pero no para el sostenimiento material de la sociedad, y por lo tanto no podrán ser consideradas como un trabajo más.

III
Ahora bien, como ya habíamos dicho, el cooperativismo deberá instaurar lentamente los puntos antes mencionados, sobre todo en la conformación de nuevos puestos laborales, y en la transformación de puestos que quedarán caducos en el nuevo sistema. Pero sin embargo, la conversión requerirá de una serie de medidas de aplicación inmediata. La disminución de la jornada laboral a cinco horas diarias, llevará necesariamente a la incorporación instantánea de una gran cantidad de hoy desocupados o subocupados. Una empresa que requería de un empleado para cubrir turnos de ocho horas, ahora dispondrá de dos para dos turnos de cinco. Al haber sido, simultáneamente abolido el dinero, las empresas no tendrán costos que cubrir, pudiendo así acceder a la incorporación, y la desocupación será rápidamente un problema del pasado.
 Ahora, con toda la población ocupada, la rueda del cooperativismo puede comenzar a funcionar. El día que esto suceda los negocios y empresas abrirán sus puertas como siempre, con los empleados de siempre en sus puestos habituales, pero dispuestos a trabajar cinco horas y ser reemplazados por otros empleados que ocuparán el mismo cargo y desempeñarán la misma tarea. Al principio, sin dudas se recurrirá al superior para subsanar inconvenientes propios del trabajo, pero lentamente los empleados comenzarán a tomar más y más las decisiones en sus manos, basándose en el acuerdo mutuo (No olvidemos que, a este punto, la masa social en general, conocerá los lineamientos fundamentales del cooperativismo, y comenzará a ponerlos en práctica) generando, espontáneamente y a su tiempo, grupos de trabajo específicos de cada área. Así, por ejemplo en un supermercado, estarán quienes reponen las mercancías, quienes se encargan de solicitar los faltantes y quienes atienden las cajas (Las cuales cumplirán únicamente la constatación de la tarjeta laboral del comprador, y la salida de productos, a modo de llevar un inventario que evite el desaprovisionamiento) Así, los cajeros, por estar cumpliendo esa función durante cinco horas diarias, tendrán derecho a consumir; los repositores que hace que no falte en la góndola también, los productores que cosecha o manufacturan esos productos también, los camioneros que transportan la mercancía también, los playeros que les llenan el tanque también, los empleados de la compañía que provee el petróleo también, los fabricantes del camión también, las empresas relacionadas con la industria automotriz también, los doctores que mantienen a esos empleados sanos también, los maestros que le enseñan a sus niños también, y así sucesivamente hasta englobar al conjunto de la población en general, pues todos ellos son necesarios para que nosotros tengamos ese producto en nuestras manos.
 Por su parte, los consumidores, estarán al tanto que ya no es necesario el dinero para realizar sus compras, sino solo esgrimir sus tarjetas de trabajo, y esto conllevará una enorme responsabilidad, porque, si bien es el fin del movimiento que todos tengamos acceso a todo, también sabemos que al principio esto generará cierto ímpetu consumista, incluso hasta llegar al desabastecimiento de algunos productos (Sobre todo si tomamos en consideración que dicha masa de consumo se habrá duplicado de un día para otro, merced a los desocupados que ahora pueden acceder a bienes que hasta ayer le habían sido negados) pero confiamos también que la educación fomentada y recibida, hará al ciudadano consciente de esta realidad, y hasta que la producción pueda satisfacer completamente las demandas, sabrá consumir conscientemente en beneficio de todos, y no por simple compensación de retrasos. Más allá de esto, no es nuestra intención engañar a nadie ni prometer un falso estado de bienestar inmediato; es muy probable que en esos primeros años, la racionalización sea necesaria. Pero ésta, al ser los mismos mercados entidades cooperativas, será fruto del consenso de la sociedad, y no de medidas arbitrarias o especuladoras enfrentadas a la opinión de la mayoría.
 El ejemplo antes mencionado con el mercado, puede repetirse en cualquier rama del comercio o la producción y no tiene sentido citar ejemplos en cada una de ellas. La intención es demostrar cómo, el traspaso hacia el cooperativismo se irá dando desde la base de la sociedad actual, y cómo ese traspaso no necesita ser traumático ni violento. Dependerá de los hombres y mujeres de la sociedad en su conjunto, esa tarea; pero dependerá de nosotros la tarea inmediata de generar esa conciencia social para que, llegado el día, se dé en tales términos.

La educación



I
 La calidad educacional de los individuos es, en la actualidad, una de las deficiencias más grandes que se pueden encontrar en la sociedad. No solo por el bajo nivel cultural de la población en general, sino porque aún quienes han cumplido con los ciclos básicos o incluso muchos de los cuales han atravesado el nivel terciario, sucumbieron a un sistema de sometimiento del conocimiento que ha coartado absolutamente su capacidad intelectual. La educación actual se basa exclusivamente en la aceptación tácita que aquello que se enseña es la verdad cuasi absoluta, y aún al promover debates, en los ámbitos más propensos a ellos, siempre es el moderador quién termina generando una tendencia de pensamiento hacia una conclusión preconcebida.
 Por ejemplo, se ve en los cursos de historia. Al enseñarse un hecho en particular cómo se orienta al alumnado en la comprensión predeterminada de ese hecho. Tal guerra, se dice, se debió a tales intereses y produjo tales consecuencias. Pero no se dan a conocer todos los factores que intervinieron en el conflicto, sino solo aquellos a los cuales refiere la historia oficial. Otro ejemplo más sutil podría ser que Descartes dijo que había que: “cuestionar las verdades más comúnmente admitidas”, sin embargo esta máxima se da por sentada y no se cuestiona al enseñarnos a Descartes, echando por tierra el principio fundamental de aquello que se está enseñando. Es decir, no se estimula el pensamiento crítico de los jóvenes, sino que se les enseña a dar por sentado determinados sucesos, basándolos en la deficiente información suministrada (Muchas veces, con fines tendenciosos).
 Los ejemplos citados no tienen carácter literal, (Aunque son bastante literales en las aulas) sino de concepto. La educación actual está basada en la aniquilación del pensamiento propio, a favor del sometimiento a la autoridad, en este caso el docente (En representación del estado o el sistema regente) La finalidad de la educación actual no es crear ciudadanos críticos y libre pensantes, sino personas las cuales necesiten de orientación constante en la formación de sus ideas. Cualquier alumno medianamente despierto, descubre fácilmente que el secreto para pasar de año sin complicaciones no está en el saber, sino en saber qué desea el profesor que él le responda. Si observamos, aunque mal no sea superficialmente, la educación terciaria, podremos ver jóvenes saturados de información, sobre exigidos en las respuestas, y mal descansados. No puede ser casual que esos sean tres de los fundamentos básicos que utilizan las sectas religiosas para lavar el cerebro de sus captados. Obligar a jóvenes de poco más de veinte años, a dar respuestas específicas sobre tres libros, de 250 páginas cada uno, que debieron leer y entender en tres semanas; no es la forma de desarrollar el intelecto crítico y analítico de un individuo, sino de hacerles decir aquello que se quiere, sin darles la posibilidad de cuestionar en contrario. Y aunque la persona desarrolle con el tiempo un pensamiento crítico y propio, el trabajo para romper la tendencia adquirida del no cuestionamiento, o del sometimiento a una figura de autoridad que piense por nosotros, o facilite nuestra tarea, será en extremo dificultoso.
 Y, finalmente, el sistema educativo actual está basado en el egreso  de masa laboral desde un planteo mercantilista, donde los futuros profesionales, en la gran mayoría de los casos, eligen sus carreras pensando en la rentabilidad, y no en su vocación o en el servicio a la comunidad.

II
 Por esto mismo la educación será, en el cooperativismo, uno de los aspectos más importantes a reformular. Una sociedad seria y madura, requiere de individuos que, no solo tengan la posibilidad de elegir sus carreras basados en sus vocaciones, sino que además sean capaces de cuestionar y resolver los problemas que se le presentan, sin esperar a la autoridad de turno que le diga cómo hacerlo. El alumno debe descubrir el conocimiento, no someterse a él; y para ello es necesario un sistema educativo que ponga especial atención en las particularidades de cada alumno, y sepa desarrollarlas. La currícula no puede ser un compartimiento estanco en el cual amoldar el pensamiento de un grupo, sino que al revés.  El docente, deberá hablar con su clase, no dictar cátedra; haciéndole sentir al niño que cada una de sus palabras tiene valor y es capaz de modificar su propio planteo original. No todos los alumnos tienen capacidades para las mismas materias, y habrá que discriminar con cuidado las tendencias del alumnado para organizar los grupos conforme a sus inclinaciones particulares, a fin de hacer de las horas de estudio algo de verdadero interés, y no una carga difícil de sobrellevar. Los niños en particular, son seres ávidos de conocimiento, todo es un nuevo descubrimiento para ellos; y no es posible que el sistema educativo, en vez de estimular ello, lo coarte y reprima. Cuando se estudie un hecho puntual, no tendrá que haber una única conclusión ineludible para que la calificación del alumno sea óptima, sino que, si el planteo es lógico y la posibilidad real, será válida la respuesta. No todas las ciencias son tan estrictas como 2+2=4, y hay muchas formas de llegar a una respuesta correcta. El sistema de calificaciones es, en su fundamento, un método represivo que exige del estudiante la conformidad del profesor por sobre el conocimiento real de un hecho o planteo, y debe ser modificado por otro que premie el desarrollo personal y propio del conocimiento, aun cuando no coincida con el planteo inicial del profesor.
 No proponemos aquí una crítica al conocimiento, sino a la forma de suministrarlo y transferirlo a las futuras generaciones. El ser humano a evolucionado enormemente en su capacidad intelectual y científica, eso no tiene discusión, lo que planteamos no es la deficiencia del conocimiento, sino la forma tendenciosa y manipuladora con la cual se ha venido administrando en los últimos, al menos, cien años. Si con un modelo educativo tan deficiente se han logrado tales resultados, cuanto más se logrará con un modelo que desarrolle al máximo las capacidades dormidas de la mayoría de los alumnos.
 El sistema actual necesita personas que pregunten qué hacer a cada paso, o que resuelvan los problemas como el estado los resolvería; y así los educa. El sistema cooperativista necesitará individuos capaces de resolver los desafíos por sí mismos, sin esperar que les digan qué hacer; y así deberemos educarnos.