Funcionamiento del estado
I
Todo movimiento
social necesita, para ser tal, el apoyo de la sociedad; y el cooperativismo no
es la excepción a esa regla. No hay forma de lograr transformar a las
sociedades actuales a los principios cooperativistas, si éstas no son primero
educadas en tal sentido. Por lo tanto es fundamental que cada integrante del
movimiento, aboque sus fuerzas al estudio y divulgación de nuestras premisas.
Pero cuidado, la educación cooperativista no está basada en el convencimiento
fanático ni en el sometimiento del otro a un grupo de ideas en particular (En
este caso las nuestras) como sucede con la educación en la actualidad, sino en
la interrelación constante de conocimientos en pos de un objetivo en común.
Para ello, el individuo cooperativista deberá estudiar profundamente los
basamentos de sus convicciones, sin dar por sentado argumentaciones
preexistentes y prestando suma atención al aporte de terceros que vengan a
nutrir nuestro ideario. Los únicos tres
principios irrenunciables serán: La abolición del dinero, o cualquier tipo de
moneda de cambio, la democracia directa de base sin representación partidaria,
y la eliminación de cualquier tipo de fuerza
de seguridad; pues allí sostiene nuestra filosofía política su fundamento.
Habrá entonces que tener especial cuidado en esto, pues no serán pocos quienes
intentarán, en el amanecer de este movimiento, corromper nuestros ideales. Pero
si prevalecemos en nuestros principios fundamentales, y atendemos correctamente
los aportes que puedan venir, la victoria será nuestra, y por ello, de toda la
humanidad.
II
La abolición del dinero no es el fin del
cooperativismo, sino su principio. No será posible poner en práctica ningún
modelo social superador, en tanto exista con qué corromperlo. Pero para poder
hacerlo, será indispensable tomar ciertos recaudos, y preparar ciertas bases.
Cuando el cooperativismo obtenga el gobierno, será para desprenderse
rápidamente del poder, o será el poder mismo quien rápidamente se desprenderá
del cooperativismo. No habrá dudas ni concesiones, y deberemos estar preparados
para echar manos a la obra de inmediato.
El funcionamiento operativo de la producción y
la organización social dada por el mundo mercantilista de hoy, será tomada como
está y, con un mínimo de modificaciones, aprovechada al máximo durante el
tiempo que sea necesario, para que su transformación definitiva se de
naturalmente y no sea traumática. Sin embargo, la abolición del dinero deberá
ser, rápidamente organizada, y puesta en práctica con la mayor celeridad
posible, pues estaremos corriendo una carrera contra reloj para desterrar la
corrupción, y cada día que se demore, seremos más propensos a la derrota.
A pesar de ello, las decisiones que tomaremos
no serán apresuradas, pues todo cuanto hagamos será hijo del escrutinio previo,
y del pleno conocimiento de la sociedad toda. Serán decisiones rápidas sí, pero
no arrebatadas. Firmes, pero sometidas con mucha antelación al reconocimiento y
compromiso de todos los hombres. Para dar prueba de ello, enumeraremos aquí una
serie de medidas que podrán ser de aplicación rápida, para que cuando el
glorioso día de la finalización del dinero llegue, todos nosotros continuemos
con nuestra vida, nuestros trabajos y nuestros estudios, sin que la sociedad
actual se resienta en lo absoluto; y, partiendo de ese nuevo amanecer,
construir la sociedad nueva que soñamos y deseamos para las futuras
generaciones.
III
El modelo de sociedad actual, basado en el
dinero, está organizado laboralmente de la siguiente manera. Todo empleado y
obrero, trabaja ocho horas diarias, (Más extras adicionales) y por ello recibe
un sueldo el cual canjear por vienes, servicios o productos. En la actualidad
todos los empleados legales, estatales y privados se encuentran bancarizados.
Es decir, el estado tiene conocimiento de ellos pues están dentro del sistema
informático. Basándonos en ello, tenemos la mayor parte de un gran problema
resuelto; el estado sabe cuantas personas empleadas (En blanco) hay en el país.
Los empleados ilegales, o en negro, se encuentran en esa razón por cuestiones
meramente económicas, (Evasión impositiva, o precarización laboral para bajar
costos) La primera acción cooperativista será confeccionar un registro absoluto
de toda la masa laboral del país que no se encuentre dentro del sistema informático,
y ponerse al tanto de su situación real, sus capacidades y limitaciones, y su
disponivilidad. No con el fin de tomar acciones contra los evasores, sino para
saber, a ciencia cierta, con qué masa laboral dispone la nación. Una vez hecho
esto, se confeccionará un registro de los desocupados, y sub ocupados y se los
ingresará al sistema informático general, se los dotará de tarjetas de trabajo
(Que sustituirán las tarjetas de crédito y débito) y estarán, según sus
capacidades y necesidades de la sociedad, en disposición inmediata de ser
empleados.
Cuando esa colosal tarea sea llevada a cabo,
se reducirá la jornada laboral a cinco horas diarias, cinco días de la semana; obligatorias,
para todos los ciudadanos mayores de diez y ocho años. Esto generará
inmediatamente una gran cantidad de puestos de trabajo que serán rápidamente
ocupados por los nuevos trabajadores. En ese momento, el dinero será abolido.
El trabajador, a partir de allí y sea cual
fuere su tarea, no trabajará por un sueldo mensual, sino para poder disponer
libremente del producto o servicio del resto de los trabajadores. Las “compras”
de esos productos y la contratación de esos servicios, se llevarán a cabo de
forma similar a la actual, ya no con tarjetas que debitan dinero de sus cuentas
personales, sino esgrimiendo la tarjeta de trabajo que, será a su vez, la
tarjeta de fichaje de la jornada laboral. Toda persona que trabaje cinco horas
diarias tendrá derecho a disponer de todos los productos socialmente
confeccionados, y todos los servicios de los cuales la sociedad dispone.
IV
El
Cooperativismo no propugna ni la disolución del estado, ni su mantenimiento en
los términos actuales. Si bien coincidimos con las doctrinas que sostienen que
el estado es un organismo destinado a preservar los grupos de poder y sus
intereses particulares por sobre los de la mayoría que dice representar,
consideramos que no es posible mantener la conexión de las redes productivas en
un conjunto armonioso, si no hay una entidad que se encargue de ello. Pero para
que el estado funcione correctamente deberá ser profundamente cooperativo y
democrático, y para que eso ocurra la democracia solo podrá ser directa. Así,
el sistema de gobierno cooperativista invertirá su estructura piramidal,
tomando todas las decisiones estatales en la constante relación de sus bases y
las necesidades que nazcan de ellas.
Para ello, será necesario dividir el estado
en: Cotos, barrios, comunas, municipios,
estados, regiones, y centrales nacionales; siendo este último quien englobará
la totalidad del país. (Estos estamentos podrán ser reducidos o ampliados,
según las necesidades de cada región. No es igual la división estratégica de
las fuerzas de producción en una gran metrópolis que en una campiña) Y cada uno
de estos estamentos, será de un número de integrantes tal que no dificulte la
elección directa de su delegado. El delegado elegido directamente, no tendrá
bajo ningún concepto, poder de decisión sobre los electores que le dieron el
cargo, y su trabajo no será gobernarlos, sino ser gobernado por ellos. El
trabajo en el estado será obligatorio para todos los individuos mayores de
veinte años, en mandatos de tres años, sin posibilidad de reelección, hasta que
todos los integrantes del Coto hayan cumplido funciones, y sin que puedan ser sucedidos
directamente en el cargo por un integrante de su propia familia. El funcionario
cumplirá con el cargo de delegado, siendo éste el único rango público de la
administración estatal. De cada uno de los estamentos surgirá un delegado que
pasará a formar el estamento superior. (Por ejemplo: De diez cotos saldrán diez
delegados conformando así un barrio. De diez barrios saldrán diez delegados
conformando así una comuna. De diez comunas saldrán diez delegados conformando
así un municipio; y así sucesivamente hasta llegar a la central nacional). La
función del delegado del Coto es la de exponer las necesidades de su coto, y
relacionar las actividades productivas del mismo con las de los demás cotos
dentro de la estructura del barrio. Así, cuando haya necesidades que los
barrios no puedan solucionar entre sus cotos, se recurrirá al estamento
superior, llevando la necesidad o propuesta del barrio a la comuna, de la
comuna al municipio y así sucesivamente. Cada estamento, cubrirá un aspecto más
amplio del país, y podrá, merced a esto, organizar las fuerzas productivas
rápida y eficientemente, respondiendo así a las necesidades reales de las
bases. Dentro de la estructura estatal cooperativista, ningún estamento tiene
poder sobre el otro para obligarlo a tomar decisiones contrarias a sus
intereses productivos. Por ejemplo: Una región no puede obligar a un barrio a
ceder mano de obra a otro municipio porque a ese le falta. El fundamento
cooperativista no será construido autoritaria ni arbitrariamente; sino que necesita
de hombres y mujeres dispuestos a trabajar por el bien común y ello no puede
ser impuesto. Si, continuando con el ejemplo anterior, una región recibe la solicitud de un barrio que
necesitará mano de obra de la cual no dispone, deberá requerir ayuda cooperativa
a otro barrio, o municipio, o región en la cual esa mano de obra sea común o
excedente, y deben ser ellos, quienes sin presiones de ningún tipo y por simple
espíritu cooperativista, resuelvan si están en condiciones de prestar esa
ayuda, en el convencimiento que el trabajo de uno es trabajo de todos, y todos
necesitaremos constantemente del otro para poder funcionar como sociedad.
Llevemos el ejemplo a la práctica para aclararlo definitivamente, pongamos por
caso que un coto necesita asfaltar sus calles, pero no hay en el barrio al cual
corresponde, ninguna empresa que realice este servicio. Pues bien, su delegado
debe elevar la solicitud al estamento superior (Superior en tanto de cobertura
geográfica, no de rango o autoridad), y de allí al otro, hasta encontrar la
empresa que pueda realizar el trabajo. Puede suceder también (Sobre todo en los
primeros momentos de la estructuración cooperativista, cuando (Lógicamente y
debido a los años de atrasos en sus reclamos) los ciudadanos tendrán más problemas
por resolver de los que la organización pueda satisfacer) que al contactar la
empresa, esta no de a vasto o no se halle en condiciones de realizar el
trabajo. Pues bien, se resolverá entonces en el coto o barrio, o municipio, si
existe la posibilidad de capacitar y
reubicar a trabajadores para realizar la tarea, y se creará una empresa con tal
fin. Así, será la misma población la cual irá, con el tiempo, generando los
empleos que realmente le son útiles y necesarios, y desechando aquellos que
carecen de sentido y eran sostenidos únicamente por una cuestión mercantilista.
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