I
El déficit habitacional del mundo moderno es
dantesco. La gran mayoría de la población mundial vive en condiciones de
precariedad absoluta. Los mobiliarios aptos para el normal desarrollo del
individuo y las familias siguen siendo en nuestros días, la parte minoritaria.
A pesar de las grandes ciudades y poblados que han florecido por doquier, son
inmensamente más las personas que no tienen acceso a un techo digno, que
aquellas que logran alcanzarlo. Cuando el Cooperativismo triunfe en la voluntad
de los hombres, dicho déficit se verá grandemente subsanado, pues mucha será la
mano de obra disponible para tal fin. Siendo las sociedades democracias de base
directa, y libradas del lastre ignominioso del dinero, ellas mismas procurarán
los medios para dar la mejor respuesta a los problemas habitacionales de cada
comunidad. En un Coto, no serán necesarias estadísticas o censos para saber cuántas
personas carecen de techo propio, pues al ser grupos reducidos que se conocen
mutuamente, sabrán cómo asignar rápidamente las prioridades. Sin embargo,
creemos necesario esbozar ciertos lineamientos para que el desarrollo se dé en
forma sustentable, sin despilfarro de recursos, ni arbitrariedades que pudieran
dañar la cohesión social.
II
El Cooperativismo no consiente, ni apaña, ni
promueve la expropiación de inmuebles. Todo ciudadano es, dentro del
Cooperativismo, teniente de aquello que posee durante el tiempo en el cual
decida poseerlo. El bien en sí, siempre será un bien común, pero el hecho de
habitarlo dará a su morador un derecho adquirido sobre el mismo. Ya no será de
su propiedad, pero será de él en tanto lo habite o no lo disponga en contrario.
Dicho esto, si un propietario del antiguo sistema social posee una casa de diez
habitaciones, en un pueblo donde hay diez familias sin hogar, y no está en él
el espíritu cooperativista de compartir sus habitaciones con ellos, nadie podrá
obligarlo a entregar la propiedad que, dentro del nuevo planteo, ya no es de su
pertenencia, pero sí de su tenencia por habitarla. En contra partida, dicho
propietario no podrá solicitar ayuda a la sociedad para el mantenimiento (Ya
sea reparaciones, limpieza, jardinería, etc.) de un inmueble que sobrepase tan
extensiblemente la necesidad propia de una vivienda, y deberá, el solo y por
sus propios medios, en sus horarios de esparcimiento, encargarse del
mantenimiento de la casa. Esto buscará, que él mismo sopese hasta que punto le
es conveniente o útil el permanecer en su postura. Pero de persistir en ella,
está en su derecho de teniente de la propiedad de hacerlo, sin que nadie, bajo
ningún concepto o razón, pueda forzarlo en contrario.
III
Cada teniente deberá tener una única vivienda
(Ya sea un individuo, o un grupo familiar). Es decir, si como resultado del
antiguo orden mercantilista, un hombre tenía diez casas. Deberá elegir una de
las diez para morar en ella, perdiendo el resto de los inmuebles en favor de
las comunidades en las cuales estén afincados. Así mismo si el hombre en
cuestión tuviere diez hijos mayores de edad, podrá disponer a cada uno de ellos
en las casas en cuestión, pasando ellos a ser tenientes de las mismas, en los
mismos términos mencionados en el punto I.
IV
La idea del Cooperativismo es que la solución
habitacional se expanda dentro de límites que no menoscaben los espacios
públicos, ni la armonía con el ecosistema. Para ello, propone que las viviendas
sean rotativas, para no sobre poblar el terreno. De este modo, a título
meramente ilustrativo, podrían implementarse sistemas habitacionales de uno,
dos, tres, o más ambientes los cuales podrían ser asignados a solteros (Un
ambiente) casados (Dos ambientes) Casados con un hijo (Tres ambientes) Y así
sucesivamente. De este modo, se evitarían ampliaciones excesivas en los
inmuebles ya construidos, y nuevas edificaciones para los recién emancipados,
pues cada individuo o familia que estuviera en condición de mudarse a otra
casa, cederían la que habitaban hasta ese momento a alguien más.
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