miércoles, 16 de enero de 2013

Alimentos





 Ya se ha hecho mención anteriormente (En la organización de la fuerza laboral) cómo se establecerá la distribución alimentaria a partir de las estructuras productivas actuales, y cómo las cadenas de comercialización seguirán su curso en la comprensión del trabajo cooperativo, más allá del intercambio de divisas por vienes; y volver sobre ello sería reiterativo e innecesario. Más allá de esto sí debemos aclarar que la prioridad irreductible del Cooperativismo es, sin dudas, la alimentaria. Para ello, es imprescindible que el conjunto de la sociedad esté preparado para el cambio social que plantea el Cooperativismo. Si no fuera así, al abolirse el dinero, es probable que las escenas que veríamos serían las de un estado de caos social y de saqueos entre aquellos que, hambrientos pugnan por un poco de pan, y esos otros que, temerosos de un desabastecimiento procurarán echar mano a todo cuanto puedan. Hechos que se dan no por una constitución intrínseca del ser humano, sino porque en dichas situaciones la incertidumbre sobre el porvenir gana a la población. Ante una situación de incertidumbre alimentaria, un grupo social saquea tiendas; ese mismo grupo, ante una situación de desastre natural, corre a socorrer desinteresadamente a las víctimas. Es la misma población la cual reacciona de maneras tan disímiles, y si ante lo primero somos capaces de afirmar que la sociedad sin estado se desmoronaría, tenemos que ser igual de contundentes ante lo segundo y asegurar que la condición natural del hombre es la ayuda mutua y desinteresada.
 Por esto mismo, con un mundo consiente del real funcionamiento de una sociedad, donde todos trabajan para todos y todos dependen del trabajo de todos, el caos no será. Es verdad que, hasta que el sistema comience a funcionar sincronizadamente, es casi seguro que habrá que recurrir al racionamiento, pero ello será rápidamente salvable merced a la certidumbre que darán dos cuestiones de íntima relación Cooperativista. Primero, todo hombre y mujer integrante del entramado social sabrá fehacientemente que no tendrá necesidad de acaparar alimentos indiscriminadamente; es decir, cada individuo irá al supermercado a buscar exclusivamente aquello que necesita para el día, pues tendrá la certeza absoluta que todos los hombres y mujeres del mundo actuarán de igual manera permitiendo así que al día siguiente se encuentren en las góndolas los mismos productos que llevó hoy. Y segundo, hoy en día  podemos notar que detrás de cada desabastecimiento se cierne un oscuro interés económico que lo promueve. Los desabastecimientos actuales no se dan, mayoritariamente, por faltantes de productos, sino por especulación comercial. Con la abolición del dinero dichos intereses cesarán, como así también cesará la competencia mercantilista que desorganiza las fuerzas productivas haciendo que haya una inmensa e innecesaria cantidad de productos de un mismo orden, ya sea de competencia entre sí, o de segundas marcas para gente de menores recursos. Eso en el Cooperativismo dejará de ser, pues toda especulación y competencia de mercado desaparecerá, y todas esas fuerzas se aunarán en la realización de productos de consumo masivo bajo los mismos estándares de calidad.
 Actualmente en las sociedades modernas, el hambre es un hijo directo del individualismo. No faltan alimentos para todos los hombres, sino que ellos se encuentran terriblemente mal distribuidos, o acaparados angurrienta mente. Hay lugares en el mundo donde, incluso dentro de un mismo país, grupos poblacionales se alimentan con desparpajo, mientras otros, no tan distantes geográficamente, sufren graves privaciones a nivel alimenticio. Ello no es más que el resultado de una cuestión meramente mercantilista. El alimento es suficiente para nutrirlos a todos, sin embargo mientras unos se atragantan otros pasan hambre. Cuando el Cooperativismo se ponga en marcha, los hombres y mujeres del mundo estarán predispuestos para el cambio de paradigma. Al abolirse el dinero y todos tener acceso a las góndolas de los supermercados por igual, el hambre pasará a la historia.
 Sin dudas es importantísimo para el triunfo cooperativista que esto se dé rápida y naturalmente, pues si miramos la historia comprenderemos que las transformaciones sociales más altruistas, sucumbieron ante los mezquinos intereses del poderío económico, por no poder garantizar el sustento del pueblo que las apoyó en un principio, volviéndolo en su contra. Con el estómago vacío, no puede pedírsele al hombre que piense racionalmente. Cuando un hijo tiene hambre, todo concepto de bien común queda en segundo plano, y las ideas sucumben a la práctica.

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