Ya se ha hecho mención anteriormente (En la
organización de la fuerza laboral) cómo se establecerá la distribución
alimentaria a partir de las estructuras productivas actuales, y cómo las
cadenas de comercialización seguirán su curso en la comprensión del trabajo
cooperativo, más allá del intercambio de divisas por vienes; y volver sobre
ello sería reiterativo e innecesario. Más allá de esto sí debemos aclarar que
la prioridad irreductible del Cooperativismo es, sin dudas, la alimentaria.
Para ello, es imprescindible que el conjunto de la sociedad esté preparado para
el cambio social que plantea el Cooperativismo. Si no fuera así, al abolirse el
dinero, es probable que las escenas que veríamos serían las de un estado de
caos social y de saqueos entre aquellos que, hambrientos pugnan por un poco de
pan, y esos otros que, temerosos de un desabastecimiento procurarán echar mano
a todo cuanto puedan. Hechos que se dan no por una constitución intrínseca del
ser humano, sino porque en dichas situaciones la incertidumbre sobre el
porvenir gana a la población. Ante una situación de incertidumbre alimentaria,
un grupo social saquea tiendas; ese mismo grupo, ante una situación de desastre
natural, corre a socorrer desinteresadamente a las víctimas. Es la misma
población la cual reacciona de maneras tan disímiles, y si ante lo primero
somos capaces de afirmar que la sociedad sin estado se desmoronaría, tenemos
que ser igual de contundentes ante lo segundo y asegurar que la condición
natural del hombre es la ayuda mutua y desinteresada.
Por esto mismo, con un mundo consiente del
real funcionamiento de una sociedad, donde todos trabajan para todos y todos
dependen del trabajo de todos, el caos no será. Es verdad que, hasta que el
sistema comience a funcionar sincronizadamente, es casi seguro que habrá que
recurrir al racionamiento, pero ello será rápidamente salvable merced a la
certidumbre que darán dos cuestiones de íntima relación Cooperativista.
Primero, todo hombre y mujer integrante del entramado social sabrá
fehacientemente que no tendrá necesidad de acaparar alimentos
indiscriminadamente; es decir, cada individuo irá al supermercado a buscar
exclusivamente aquello que necesita para el día, pues tendrá la certeza
absoluta que todos los hombres y mujeres del mundo actuarán de igual manera
permitiendo así que al día siguiente se encuentren en las góndolas los mismos
productos que llevó hoy. Y segundo, hoy en día
podemos notar que detrás de cada desabastecimiento se cierne un oscuro
interés económico que lo promueve. Los desabastecimientos actuales no se dan,
mayoritariamente, por faltantes de productos, sino por especulación comercial. Con
la abolición del dinero dichos intereses cesarán, como así también cesará la
competencia mercantilista que desorganiza las fuerzas productivas haciendo que
haya una inmensa e innecesaria cantidad de productos de un mismo orden, ya sea
de competencia entre sí, o de segundas marcas para gente de menores recursos.
Eso en el Cooperativismo dejará de ser, pues toda especulación y competencia de
mercado desaparecerá, y todas esas fuerzas se aunarán en la realización de productos
de consumo masivo bajo los mismos estándares de calidad.
Actualmente en las sociedades modernas, el
hambre es un hijo directo del individualismo. No faltan alimentos para todos
los hombres, sino que ellos se encuentran terriblemente mal distribuidos, o
acaparados angurrienta mente. Hay lugares en el mundo donde, incluso dentro de
un mismo país, grupos poblacionales se alimentan con desparpajo, mientras
otros, no tan distantes geográficamente, sufren graves privaciones a nivel
alimenticio. Ello no es más que el resultado de una cuestión meramente
mercantilista. El alimento es suficiente para nutrirlos a todos, sin embargo
mientras unos se atragantan otros pasan hambre. Cuando el Cooperativismo se
ponga en marcha, los hombres y mujeres del mundo estarán predispuestos para el
cambio de paradigma. Al abolirse el dinero y todos tener acceso a las góndolas
de los supermercados por igual, el hambre pasará a la historia.
Sin dudas es importantísimo para el triunfo
cooperativista que esto se dé rápida y naturalmente, pues si miramos la
historia comprenderemos que las transformaciones sociales más altruistas,
sucumbieron ante los mezquinos intereses del poderío económico, por no poder
garantizar el sustento del pueblo que las apoyó en un principio, volviéndolo en
su contra. Con el estómago vacío, no puede pedírsele al hombre que piense
racionalmente. Cuando un hijo tiene hambre, todo concepto de bien común queda
en segundo plano, y las ideas sucumben a la práctica.
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