I
El sistema de
salud pública, no puede considerarse defectuoso en su origen. Su fundamento se
basa en un concepto noble del cual muchos factores pueden y serán aprovechados,
extendiéndoselos además, hacia la hoy llamada medicina privada, que en el
cooperativismo dejará de existir. La salud no puede, y ya no será, ser
administrada como un negocio; y sus profesionales no pueden, y ya no lo harán,
sobreponer réditos materiales por sobre
la labor social que desempeñan. La medicina tiene que, de una vez por todas,
estar al servicio de los hombres; y es reflotando los viejos principios de
salud pública y universal que ello se logrará.
Sin embargo, podemos ver que en la actualidad
dicho sistema es altamente deficiente y no cubre las necesidades de la mayoría
de la población. Los Hospitales públicos han devenido en campos de batalla de
luchas que nada tienen que ver con la salud de la gente, y mucho con la
especulación política y económica. El cooperativismo, conciente de esta
realidad, advierte que, al abolir el dinero, gran parte de las limitaciones del
actual sistema serán resueltas. Los atrasos en infraestructura y equipamiento,
se deben en la gran mayoría de los casos (Por no decir en todos), a la
malversación que los funcionarios o directivos de turno hacen de los fondos a
ellos adjudicados; muchas veces, adjudicados políticamente con tal fin. Al no
haber dinero con el cual corromper, o malversar, y al estar la administración no
a cargo de un directivo, sino de los mismos trabajadores de la salud, dichas
limitaciones comenzarán a ser revertidas, y aunque tanto atraso y desidia
llevarán tiempo para ser contrarestadas, es seguro que el fin será un sistema
de salud universal altamente altruista.
Las limitaciones económicas actuales, y los
grandes negociados que genera la industria farmacéutica, han hecho colapsar a
un sistema de salud que, corrompiendo los estamentos más altos de su entramado,
logró desalentar a quienes trabajan verdaderamente en pos del bienestar del
individuo. Desterrada para siempre las causas de dicho mal, el sistema se verá
liberado de aquello que frenó desde siempre su fundamentación básica y
primordial, que es, prevenir y curar.
II
A pesar de esto,
hay otro factor importantísimo que va en desmedro de la profesión médica, y que
no está relacionado con lo económico (Aunque ahondando en el concepto, tal vez,
también lo esté) Y es la educación de los profesionales, no en su calidad de
tales, sino en su calidad humana. Solo basta caminar por los pasillos de un
hospital, o haberse visto internado en uno de ellos, para notar que hay una
enorme discriminación por rango o categoría, sobre todo de los doctores hacia
el personal no médico (Aunque también se da entre los mismos médicos, o entre
los mismos auxiliares). Eso es un hecho cultural, que nada tiene que ver con la
economía de las instalaciones, y sin embargo atenta enormemente, no solo contra
la atención al paciente, sino también contra la relación armoniosa que debe
haber en toda relación humana, para hacer de ésta un hecho de cooperación
mutua; y este, quizá sea el desafío mayor que enfrente el cooperativismo en
este área.
Las sociedades individualistas actuales,
ejercen una enorme presión sobre todos los hombres y mujeres para, merced al
consumo, diferenciarse del resto. Esta diferenciación está tan sobre exigida en
todos nosotros que, finalmente, al hacer algo que nos pone un peldaño más allá
del otro, estalla en nuestro interior. En el rubro de la medicina, (Al ser el
profesional médico quien tiene, por así decirlo, en sus manos la vida de un
paciente) esta educación social puede, y de hecho suele hacerlo, manifestarse
de formas horribles. Es primordial saber que esto no se da, como simplistamente
podríamos concluir, por una actitud omnipotente del profesional, sino por una
cuestión cultural fuertemente arraigada en todos nosotros, y el cooperativismo,
deberá poner especialísima atención en esto.
Un médico, es una persona que deberá tener
especial consideración al tratar con el resto de las personas, pues en sus
dichos va mucho de la salud de sus pacientes. Por ello la educación en relación
con esta carrera en particular, deberá cuidar no solo el aspecto catedrático de
la materia, sino que también el humano. Es consideración del cooperativismo que
para que un profesional adquiera una calidad humana mayor, debe exponerse al
conjunto de la sociedad en el trabajo cooperativo, y es por esta razón que
todos aquellos que opten por estudiar una carrera, deberán hacerlo en paralelo
al trabajo. En el caso de la medicina, consideramos además que el profesional,
una vez recibido, deberá iniciar su labor realizando tareas de enfermería, y no
médicas propiamente dichas. Es decir;
todo médico recibido, cumplirá en su primer estamento laboral (Los primeros
cinco años) con la labor de enfermero. Esto no será para acercarlo a la
profesión desde la práctica, sino para ponerlo en contacto con los pacientes
desde un lugar mucho más llano e igualitario, generando la conciencia social de
la cual tanto se carece hoy. Su segundo estamento dentro de la profesión (Los
segundos cinco años) será aquel que hoy se conoce como residencia, para ya sí
acercarlo definitivamente a su profesión desde la práctica cotidiana, y recién
en el tercer estamento, podrá considerarse finalizado su aprendizaje formal y
definitivo, (Aunque bien sabido es que, en medicina, el estudio jamás finaliza)
ejerciendo su profesión según las pautas generales de la estructuración laboral cooperativista.
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