I
Las fuerzas de
seguridad, representarán el mayor desafío del cooperativismo, no solo porque
sus integrantes han sido educados férreamente en el sometimiento a una figura
de autoridad, sino porque la sociedad en su conjunto, siente, culturalmente, un
profundo temor ante la desobediencia civil. El caos y la anarquía, son dos
palabras que han sido tendenciosamente relacionadas a lo largo de la historia,
y las sociedades actuales las utilizan constantemente como sinónimos, a la hora
de demostrar que, sin fuerzas para asegurar la paz entre los hombres, las
sociedades se destruirían a sí mismas.
El fundamento de
esto es, sin dudas, el miedo. Hemos sido educados en el miedo, no solo desde
nuestra niñez en particular, sino también desde la misma niñez de la humanidad.
Miedo a lo desconocido, miedo a la muerte, miedo al daño material, miedo a
nosotros mismos. Y este miedo ha sido convenientemente contrarrestado con
falsas promesas de seguridad. Seguridad ante lo desconocido, seguridad en la
vida después de la muerte, seguridad a la propiedad privada, y seguridad ante
nosotros mismos. Sin embargo la palabra seguridad, está absolutamente
sobrevalorada por las mismas fuerzas que dicen representarla. Es decir, la
seguridad es, no solo una utopía inalcanzable, sino una contradicción en
relación al uso de la fuerza. La realidad del mundo nos demuestra que: Primero,
el ser humano, merced a su propia subjetividad, no puede estar seguro de nada y
el “principio de incertidumbre” es una ratificación científica de ello. Y segundo, si es necesaria una fuerza
represiva para garantizar la seguridad, es porque la seguridad no puede ser
alcanzada (Es un concepto tan ambiguo como, armarse por la paz, o defenderse
atacando). Sin embargo, y a pesar de ello, no se escuchan voces levantándose
contra este principio, abstruso desde su concepción, y absolutamente
impracticable en la realidad cotidiana.
La seguridad, merced al uso de la fuerza, es,
filosóficamente hablando, una contradicción tan profunda en sí misma, que no
soporta el mínimo escrutinio del intelecto humano al reparar seriamente en
ello. Sin embargo no solemos escuchar cuestionamientos serios al respecto.
A pesar de esto es claro que las fuerzas de
seguridad son necesarias en el mundo actual. El ser humano necesita proteger,
por ejemplo, sus bienes de los ladrones. También, y por citar otro ejemplo, la
única forma de impedir que una masa descontenta se alce contra sí misma en una
situación de caos social (Como se da en las manifestaciones que concluyen en
saqueos) es mediante el uso de fuerzas de seguridad. Sin embargo, podemos notar
que el concepto de seguridad actual encuentra su mayor razón de ser en el
“temor” a la pérdida de la posesión personal. Es verdad que hay cuestiones de
seguridad que no se relacionan con esto únicamente, como podrían ser el uso de
la fuerza entre particulares como solución de un conflicto, o la violencia de
género, o el sometimiento de una persona por el uso de la fuerza; sin embargo,
podemos concluir que en estos casos, no es condición ineludible el uso de una
fuerza de seguridad específica para salvaguardar el derecho individual de las
personas sobre sí mismas. En cambio, no hay forma de preservar la propiedad
individual sin el uso de la fuerza.
Los ejércitos no fueron concebidos
originariamente para proteger al pueblo, sino al rey; como así mismo las
fuerzas policiales no fueron originalmente concebidas para proteger al
desvalido, sino al propietario. Mucho se ha escrito al respecto sobre el
verdadero valor y sentido de las fuerzas de seguridad en las sociedades, y
ahondar más en ello sería repetir conceptos harto conocidos. La verdad es que
en un mundo cooperativista, donde todos seamos dueños de todo y nadie desee
poseer algo que le falte, o el otro tenga en demasía, no habrá necesidad de
fuerzas que nos protejan; y los conflictos inherentes de las propias relaciones
entre los individuos, se solucionarán sin el uso de la fuerza ni la autoridad, sino
con el uso de la inteligencia y la educación recibida.
Aún así, y por
esto mismo, su desmantelamiento no será inmediato, sino progresivo y estará
ligado íntimamente con la calidad educativa en la cual puedan desarrollarse las
futuras generaciones. De este modo, las fuerzas de seguridad podrán ser tomadas
como referencia en la evolución del cooperativismo, ya que a menor plazo en su
disolución mayor será la evolución favorable y definitivo éxito del sistema; en
tanto que sería síntoma de importantes déficit del cooperativismo cuanto más
difícil le sea su desarticulación. En todo caso, la incompatibilidad entre
cooperativismo y fuerzas de seguridad es absoluta, y por ninguna razón,
existente o de futura proyección, pueden coexistir.
II
A pesar de esto, hay una realidad insoslayable
que no podemos dejar de mencionar, y es que difícilmente el cooperativismo se
de a escala global y simultáneamente. En ese escenario, debemos ser concientes
que los poderosos del mundo verán en una nación cooperativista, a un férreo
enemigo de sus intereses al cual van a combatir, aún, por el uso de la fuerza.
En ese cuadro de situación, no quedará más que concesionar en el sostenimiento
de un ejército que sea capaz de defender al país de una agresión extranjera.
Dicho ejército deberá estar abocado únicamente a custodiar las fronteras, el
espacio aéreo y el marítimo, y sus integrantes deberán tener plena conciencia
del rol que ocupan dentro de la sociedad. Será sumamente penoso para Los
cooperativistas tener que destinar esfuerzo y recursos en una tarea tan vil
como la de procurar la destrucción (Aun con fines defensivos) de otro ser
humano, y es el espíritu de este movimiento que ello no suceda ni sea
necesario. Pero, sabiendo que los intereses mercantilistas de algunos serán muy
grandes, deberemos estar preparados para defender nuestro ideal, hasta que el
mundo vea que es la mejor vía para alcanzar el desarrollo total del ser humano
en paz y armonía, y entonces, con un mundo unido en la cooperación mutua,
abolir sí definitivamente todo tipo de fuerza de seguridad.
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