miércoles, 16 de enero de 2013

Las fuerzas de seguridad



I
Las fuerzas de seguridad, representarán el mayor desafío del cooperativismo, no solo porque sus integrantes han sido educados férreamente en el sometimiento a una figura de autoridad, sino porque la sociedad en su conjunto, siente, culturalmente, un profundo temor ante la desobediencia civil. El caos y la anarquía, son dos palabras que han sido tendenciosamente relacionadas a lo largo de la historia, y las sociedades actuales las utilizan constantemente como sinónimos, a la hora de demostrar que, sin fuerzas para asegurar la paz entre los hombres, las sociedades se destruirían a sí mismas.
El fundamento de esto es, sin dudas, el miedo. Hemos sido educados en el miedo, no solo desde nuestra niñez en particular, sino también desde la misma niñez de la humanidad. Miedo a lo desconocido, miedo a la muerte, miedo al daño material, miedo a nosotros mismos. Y este miedo ha sido convenientemente contrarrestado con falsas promesas de seguridad. Seguridad ante lo desconocido, seguridad en la vida después de la muerte, seguridad a la propiedad privada, y seguridad ante nosotros mismos. Sin embargo la palabra seguridad, está absolutamente sobrevalorada por las mismas fuerzas que dicen representarla. Es decir, la seguridad es, no solo una utopía inalcanzable, sino una contradicción en relación al uso de la fuerza. La realidad del mundo nos demuestra que: Primero, el ser humano, merced a su propia subjetividad, no puede estar seguro de nada y el “principio de incertidumbre” es una ratificación científica de ello.  Y segundo, si es necesaria una fuerza represiva para garantizar la seguridad, es porque la seguridad no puede ser alcanzada (Es un concepto tan ambiguo como, armarse por la paz, o defenderse atacando). Sin embargo, y a pesar de ello, no se escuchan voces levantándose contra este principio, abstruso desde su concepción, y absolutamente impracticable en la realidad cotidiana.
 La seguridad, merced al uso de la fuerza, es, filosóficamente hablando, una contradicción tan profunda en sí misma, que no soporta el mínimo escrutinio del intelecto humano al reparar seriamente en ello. Sin embargo no solemos escuchar cuestionamientos serios al respecto.
 A pesar de esto es claro que las fuerzas de seguridad son necesarias en el mundo actual. El ser humano necesita proteger, por ejemplo, sus bienes de los ladrones. También, y por citar otro ejemplo, la única forma de impedir que una masa descontenta se alce contra sí misma en una situación de caos social (Como se da en las manifestaciones que concluyen en saqueos) es mediante el uso de fuerzas de seguridad. Sin embargo, podemos notar que el concepto de seguridad actual encuentra su mayor razón de ser en el “temor” a la pérdida de la posesión personal. Es verdad que hay cuestiones de seguridad que no se relacionan con esto únicamente, como podrían ser el uso de la fuerza entre particulares como solución de un conflicto, o la violencia de género, o el sometimiento de una persona por el uso de la fuerza; sin embargo, podemos concluir que en estos casos, no es condición ineludible el uso de una fuerza de seguridad específica para salvaguardar el derecho individual de las personas sobre sí mismas. En cambio, no hay forma de preservar la propiedad individual sin el uso de la fuerza.
 Los ejércitos no fueron concebidos originariamente para proteger al pueblo, sino al rey; como así mismo las fuerzas policiales no fueron originalmente concebidas para proteger al desvalido, sino al propietario. Mucho se ha escrito al respecto sobre el verdadero valor y sentido de las fuerzas de seguridad en las sociedades, y ahondar más en ello sería repetir conceptos harto conocidos. La verdad es que en un mundo cooperativista, donde todos seamos dueños de todo y nadie desee poseer algo que le falte, o el otro tenga en demasía, no habrá necesidad de fuerzas que nos protejan; y los conflictos inherentes de las propias relaciones entre los individuos, se solucionarán sin el uso de la fuerza ni la autoridad, sino con el uso de la inteligencia y la educación recibida.
Aún así, y por esto mismo, su desmantelamiento no será inmediato, sino progresivo y estará ligado íntimamente con la calidad educativa en la cual puedan desarrollarse las futuras generaciones. De este modo, las fuerzas de seguridad podrán ser tomadas como referencia en la evolución del cooperativismo, ya que a menor plazo en su disolución mayor será la evolución favorable y definitivo éxito del sistema; en tanto que sería síntoma de importantes déficit del cooperativismo cuanto más difícil le sea su desarticulación. En todo caso, la incompatibilidad entre cooperativismo y fuerzas de seguridad es absoluta, y por ninguna razón, existente o de futura proyección, pueden coexistir.

II
 A pesar de esto, hay una realidad insoslayable que no podemos dejar de mencionar, y es que difícilmente el cooperativismo se de a escala global y simultáneamente. En ese escenario, debemos ser concientes que los poderosos del mundo verán en una nación cooperativista, a un férreo enemigo de sus intereses al cual van a combatir, aún, por el uso de la fuerza. En ese cuadro de situación, no quedará más que concesionar en el sostenimiento de un ejército que sea capaz de defender al país de una agresión extranjera. Dicho ejército deberá estar abocado únicamente a custodiar las fronteras, el espacio aéreo y el marítimo, y sus integrantes deberán tener plena conciencia del rol que ocupan dentro de la sociedad. Será sumamente penoso para Los cooperativistas tener que destinar esfuerzo y recursos en una tarea tan vil como la de procurar la destrucción (Aun con fines defensivos) de otro ser humano, y es el espíritu de este movimiento que ello no suceda ni sea necesario. Pero, sabiendo que los intereses mercantilistas de algunos serán muy grandes, deberemos estar preparados para defender nuestro ideal, hasta que el mundo vea que es la mejor vía para alcanzar el desarrollo total del ser humano en paz y armonía, y entonces, con un mundo unido en la cooperación mutua, abolir sí definitivamente todo tipo de fuerza de seguridad.

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