I
La integración
mundial en el sistema cooperativista no significará, bajo ningún concepto, la
abolición de identidades regionales, culturales, o sociales características de
cada región.
El sistema cooperativista esta fundamentado en
un conjunto de normas particulares para la interrelación de los pueblos, y no
en una alteración cultural de dichos pueblos para homogenizar a todas las
sociedades bajo un mismo manto. Las doctrinas cooperativistas no podrán ser
aplicadas del mismo modo en la capital de una potencia mundial, que en la aldea
de un país tercer mundista; no porque sus habitantes no tengan derecho a los
mismos servicios o productos, sino porque la interrelación social será muy distinta,
y sería un gravísimo error intentar cambiar alguno de esos comportamientos para
acercarlo o equipararlo con el otro. El cambio que el cooperativismo operará en
las sociedades del mundo, será, sin dudas cultural, pero no en tanto a la
cultura de cada pueblo en particular, sino a la forma de mirarnos a nosotros
mismos en relación con quien esta a nuestro lado. La mirada cooperativista no
estará puesta en la pluma del cacique, ni en la corbata del oficinista, sino,
en la igualdad del hombre que hay debajo; y por ello, todo atavío cultural,
vendrá a enriquecernos y no a dividirnos. No habrá, en el mundo cooperativista,
una nación que se considere más civilizada que la otra por el número de
rascacielos que construyan sus ciudades, ni ningún pueblo tendrá autoridad de
mando para decirle a otro cuál es la forma correcta de instaurar el
cooperativismo. La igualdad cooperativista no está, ni nunca estará, en que
todos seamos iguales a la vista del otro; sino en que todos tengamos los mismos
derechos y responsabilidades que el otro. Y ese principio puede vestirse con la
cultura que quiera, pues siempre será universal.
II
Por esto mismo,
el cooperativismo considera que cada pueblo y país del mundo, pondrá en marcha
la transformación cooperativista basados en su propia cultura, sistema de
gobierno actual, y forma de relación entre los individuos y las fuerzas
productivas. Hay países que son altamente agropecuarios y otros industriales,
hay naciones que aún continúan con la tradición tribal, y otros que conservan aún
sus monarquías, hay personas que fueron educadas grandemente en la cooperación
mutua, y otras que han sido sometidos al atraso y el analfabetismo; y no pueden
transformarse del mismo modo. Cada región es la más indicada para saber cómo
poner en marcha sus funciones productivas en favor de todos, y deberán trabajar
en ello como su formación cultural en particular lo demande. Los únicos tres
conceptos universales e inamovibles en el cooperativismo son y serán siempre:
La abolición del dinero, o cualquier tipo de moneda de cambio, la democracia
directa de base sin representación partidaria, y la eliminación de cualquier
tipo de fuerza de seguridad. Estos son
los tres primeros pasos a dar en la igualdad del los individuos, y en base a
eso, cada nación construirá la sociedad cooperativista acomodándola a sus usos
y costumbres. Por ello, los tres ejemplos organizativos básicos que vienen a
continuación son una formulación que no debe ser tomada como modelo a imitar,
sino como referencia ilustrativa de organización. Otra vez, son los individuos
de cada nación quienes más saben como poner en marcha el cooperativismo en su
nación, y deberán ser ellos, en acuerdo cooperativo, quienes determinen los
lineamientos particulares según sus necesidades, idiosincrasia, y cultura.
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