miércoles, 16 de enero de 2013

Las identidades nacionales



I
La integración mundial en el sistema cooperativista no significará, bajo ningún concepto, la abolición de identidades regionales, culturales, o sociales características de cada región.
 El sistema cooperativista esta fundamentado en un conjunto de normas particulares para la interrelación de los pueblos, y no en una alteración cultural de dichos pueblos para homogenizar a todas las sociedades bajo un mismo manto. Las doctrinas cooperativistas no podrán ser aplicadas del mismo modo en la capital de una potencia mundial, que en la aldea de un país tercer mundista; no porque sus habitantes no tengan derecho a los mismos servicios o productos, sino porque la interrelación social será muy distinta, y sería un gravísimo error intentar cambiar alguno de esos comportamientos para acercarlo o equipararlo con el otro. El cambio que el cooperativismo operará en las sociedades del mundo, será, sin dudas cultural, pero no en tanto a la cultura de cada pueblo en particular, sino a la forma de mirarnos a nosotros mismos en relación con quien esta a nuestro lado. La mirada cooperativista no estará puesta en la pluma del cacique, ni en la corbata del oficinista, sino, en la igualdad del hombre que hay debajo; y por ello, todo atavío cultural, vendrá a enriquecernos y no a dividirnos. No habrá, en el mundo cooperativista, una nación que se considere más civilizada que la otra por el número de rascacielos que construyan sus ciudades, ni ningún pueblo tendrá autoridad de mando para decirle a otro cuál es la forma correcta de instaurar el cooperativismo. La igualdad cooperativista no está, ni nunca estará, en que todos seamos iguales a la vista del otro; sino en que todos tengamos los mismos derechos y responsabilidades que el otro. Y ese principio puede vestirse con la cultura que quiera, pues siempre será universal.

II
Por esto mismo, el cooperativismo considera que cada pueblo y país del mundo, pondrá en marcha la transformación cooperativista basados en su propia cultura, sistema de gobierno actual, y forma de relación entre los individuos y las fuerzas productivas. Hay países que son altamente agropecuarios y otros industriales, hay naciones que aún continúan con la tradición tribal, y otros que conservan aún sus monarquías, hay personas que fueron educadas grandemente en la cooperación mutua, y otras que han sido sometidos al atraso y el analfabetismo; y no pueden transformarse del mismo modo. Cada región es la más indicada para saber cómo poner en marcha sus funciones productivas en favor de todos, y deberán trabajar en ello como su formación cultural en particular lo demande. Los únicos tres conceptos universales e inamovibles en el cooperativismo son y serán siempre: La abolición del dinero, o cualquier tipo de moneda de cambio, la democracia directa de base sin representación partidaria, y la eliminación de cualquier tipo de fuerza  de seguridad. Estos son los tres primeros pasos a dar en la igualdad del los individuos, y en base a eso, cada nación construirá la sociedad cooperativista acomodándola a sus usos y costumbres. Por ello, los tres ejemplos organizativos básicos que vienen a continuación son una formulación que no debe ser tomada como modelo a imitar, sino como referencia ilustrativa de organización. Otra vez, son los individuos de cada nación quienes más saben como poner en marcha el cooperativismo en su nación, y deberán ser ellos, en acuerdo cooperativo, quienes determinen los lineamientos particulares según sus necesidades, idiosincrasia, y cultura.

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