miércoles, 16 de enero de 2013

Conclusión Final



  El cooperativismo sostiene que la única forma de combatir la corrupción del poder es combatiendo el mal que la provoca, siendo este el dinero o cualquier elemento utilizable como moneda de cambio. Para combatirlo es necesario fomentar el acceso irrestricto de todos los ciudadanos a los bienes de consumo. Y así, sin dinero para comprar voluntades, y sin que nadie se vea privado de obtener aquel bien que desea y es común para todos, no habrá oportunidad de corromper a alguien para obtener algún beneficio espurio e individual.
El único medio para alcanzar esto, es la comprensión de la naturaleza cooperativa de las sociedades humanas, el entendimiento serio y cabal del funcionamiento social del hombre y la contemplación evidente que en el bien común está el basamento de toda organización social.  Así, todos los ciudadanos, cualquiera sea su elección sexual, su etnia, religión y edad, tendrán igualdad absoluta de derechos y obligaciones. Siendo los derechos el acceso incondicional e irrestricto a igualdad de bienes y oportunidades; y las obligaciones, el trabajo en pos del mantenimiento material del sistema, (en los mayores de edad) y el estudio (en los menores). Este sistema se basará en la cooperación humana en pos del sostenimiento social, sin diferenciación de clases, ni privilegios de ningún tipo; y no en la mera pretensión del progreso individual de las personas.
 Para alcanzar tal fin, propugnamos la abolición, tanto del dinero en general, como de la propiedad privada. Dicha abolición debe proyectarse en dos direcciones: la concerniente al dinero sobre la cesación de todo medio de pago merced el cambio de trabajo,  productos, o capacidades por un bono, billete, o mineral que cualquier estado o privado dote de valor merced al respaldo puesto en él, para convertirlo en moneda de cambio. Así, el cooperativismo procurará, la disposición racional de recursos naturales y sociales, acordes a cada etapa de la vida y el desarrollo del hombre y la mujer, en igualdad de condiciones y posibilidades. Y la concerniente a la propiedad privada no será el despojo del individuo sobre todo bien material e individual adquirido en el viejo sistema, sino solo el cambio conceptual de propietario por teniente en tanto a la transitoriedad del bien en cuestión, en procura de una superación constante del nivel de vida de todos  los ciudadanos, para que a nadie le falte ninguna de las cosas a la cual otro hombre pueda acceder.
Así, y solo así, el trabajo, pasa a ser, como siempre debió haber sido, el único bien individual; pero puesto a disposición del conjunto de la sociedad. El trabajador no realizará ya su labor en procura de un sueldo por el cual acceder a bienes privados; sino como cooperación social en pos del conjunto, para que todos podamos acceder a todos los bienes. Es decir, dentro de la estructura cooperativista, todos trabajaremos para todos, y por ende, todos tendremos derecho a disponer de los bienes y productos generados por todos. El Cooperativismo no será una estructura de gobierno, ni una filosofía política, sino que será cada hombre y mujer del mundo, en comunión con cada hombre y mujer del mundo. Y así, al hablar del Cooperativismo, no hablamos de una abstracción organizativa vertical que decide por nosotros como vernos y relacionarnos, sino que al hablar de Cooperativismo, estaremos hablando de algo tan real y concreto como nosotros mismos y como nuestros semejantes.
 Una nueva sociedad es posible. Y si hoy nos atrevemos a soñarla, Mañana amanecerá para las nuevas generaciones un mundo en el cual la vida social y cooperativa será una realidad.  

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