El cooperativismo sostiene que la
única forma de combatir la corrupción del poder es combatiendo el mal que la
provoca, siendo este el dinero o cualquier elemento utilizable como moneda de
cambio. Para combatirlo es necesario fomentar el acceso irrestricto de todos
los ciudadanos a los bienes de consumo. Y así, sin dinero para comprar voluntades,
y sin que nadie se vea privado de obtener aquel bien que desea y es común para
todos, no habrá oportunidad de corromper a alguien para obtener algún beneficio
espurio e individual.
El único medio
para alcanzar esto, es la comprensión de la naturaleza cooperativa de las
sociedades humanas, el entendimiento serio y cabal del funcionamiento social
del hombre y la contemplación evidente que en el bien común está el basamento
de toda organización social. Así, todos
los ciudadanos, cualquiera sea su elección sexual, su etnia, religión y edad,
tendrán igualdad absoluta de derechos y obligaciones. Siendo los derechos el
acceso incondicional e irrestricto a igualdad de bienes y oportunidades; y las
obligaciones, el trabajo en pos del mantenimiento material del sistema, (en los
mayores de edad) y el estudio (en los menores). Este sistema se basará en la
cooperación humana en pos del sostenimiento social, sin diferenciación de clases,
ni privilegios de ningún tipo; y no en la mera pretensión del progreso
individual de las personas.
Para alcanzar tal fin, propugnamos la
abolición, tanto del dinero en general, como de la propiedad privada. Dicha
abolición debe proyectarse en dos direcciones: la concerniente al dinero sobre
la cesación de todo medio de pago merced el cambio de trabajo, productos, o capacidades por un bono,
billete, o mineral que cualquier estado o privado dote de valor merced al
respaldo puesto en él, para convertirlo en moneda de cambio. Así, el
cooperativismo procurará, la disposición racional de recursos naturales y
sociales, acordes a cada etapa de la vida y el desarrollo del hombre y la
mujer, en igualdad de condiciones y posibilidades. Y la concerniente a la propiedad
privada no será el despojo del individuo sobre todo bien material e individual
adquirido en el viejo sistema, sino solo el cambio conceptual de propietario
por teniente en tanto a la transitoriedad del bien en cuestión, en procura de
una superación constante del nivel de vida de todos los ciudadanos, para que a nadie le falte
ninguna de las cosas a la cual otro hombre pueda acceder.
Así, y solo así,
el trabajo, pasa a ser, como siempre debió haber sido, el único bien
individual; pero puesto a disposición del conjunto de la sociedad. El
trabajador no realizará ya su labor en procura de un sueldo por el cual acceder
a bienes privados; sino como cooperación social en pos del conjunto, para que
todos podamos acceder a todos los bienes. Es decir, dentro de la estructura
cooperativista, todos trabajaremos para todos, y por ende, todos tendremos
derecho a disponer de los bienes y productos generados por todos. El
Cooperativismo no será una estructura de gobierno, ni una filosofía política,
sino que será cada hombre y mujer del mundo, en comunión con cada hombre y
mujer del mundo. Y así, al hablar del Cooperativismo, no hablamos de una
abstracción organizativa vertical que decide por nosotros como vernos y
relacionarnos, sino que al hablar de Cooperativismo, estaremos hablando de algo
tan real y concreto como nosotros mismos y como nuestros semejantes.
Una nueva sociedad es posible. Y si hoy nos
atrevemos a soñarla, Mañana amanecerá para las nuevas generaciones un mundo en
el cual la vida social y cooperativa será una realidad.
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