miércoles, 16 de enero de 2013

La política



I
 Este será otro de los difíciles escollos en el camino del cooperativismo. No la política en sí, pues incluso El cooperativismo es política, sino los políticos propiamente dichos. La estructuración partidaria y de fuerzas representativas es tan radicalmente opuesta a los planteos cooperativistas, que su disolución absoluta se revela indispensable; y, sabemos que esto no será bien tomado por todos aquellos que han hecho de la política su modo de vida.
 No hace falta recordar que Sócrates dijo que: “Para que una democracia sea, la metrópoli debe estar regida por los pobres, pues siempre son los pobres mayoría en todos los pueblos”, para comprender que esto que hoy llamamos democracia, no es tal. El concepto democrático es algo muchísimo más amplio que la simple elección de representantes, no por nada “La República” de Platón, consta de doce volúmenes.
 El régimen imperante en la actualidad está relacionado con otro término, aunque también griego, que es: “Plutocracia”. Palabrita, convenientemente, casi erradicada de los salones de estudio y ámbitos de debate, que sostenía la filosofía que: “Solo los ricos son aptos para acceder a cargos electorales” Lo cual es más acorde a la realidad, pues todos los candidatos, para tener pretensiones reales de alcanzar algún cargo, deben contar con enormes fortunas en sus haberes.
 La representación partidaria a degenerado el fin que dice promover, y la inmensa mayoría de los votantes no solo, no tiene acceso a los líderes del partido que dice representarlos, sino que esos mismos líderes se mantienen distantes de sus propios electores. La elección representativa ha sido corrompida de tal modo, que los representantes del pueblo devienen en representantes de las corporaciones que financiaron su acceso al poder, y en la mayoría de los casos, los intereses de esas corporaciones son ajenos a los intereses del pueblo. Ni aún la votación de los concejales de un municipio se realiza en conocimiento del electorado con esos concejales, sino que el elector vota a la figura de un intendente que promete representarlos, (Pero tampoco los conoce) y bajo su ala, se apiñan representantes zonales desconocidos por todos.
 Sin embargo, cuando el cooperativismo alcance el gobierno, tendrá que hacerlo amparado por el sistema que rige actualmente, (No hay forma de hacerlo de otro modo, sin recurrir a la violencia o el derramamiento de sangre; y ese no es el anhelo ni el espíritu de nuestro movimiento) pero sus partidarios y representantes sabrán fehacientemente que sus votos y cargos seculares serán únicamente la excusa para la transformación. La transformación cooperativista deberá, por un breve momento, cohabitar con el sistema actual; pero cuando el cambio esté en marcha, y los cotos empiecen la organización social mencionada en las anteriores páginas, los delegados serán una fuerza real mucho más poderosa que los concejales representantes de nadie, y los intendentes elegidos por empresas; y el común de la gente empezará a prescindir por sí misma de los viejos métodos de gobierno.
 Cuando el proceso de conformación de estamentos cooperativos esté en marcha, los actuales mandos de la política empezarán a perder poder, y, aunque intentarán ser una fuerza correlativa mientras dure su mandato, finalizado este, la transformación social ya será tal, que nadie correrá a las urnas a votar un representante, sino que los elegirá levantando la mano en un coto, o un barrio, o una comuna, etc. Al final, el grupo de delegados reunidos en la central nacional, tendrá más facultades organizativas que el propio presidente del viejo sistema, y sus funciones cesarán.
 Al convertir la plutocracia representativa actual en una democracia directa, cada delegado deberá consultar las decisiones, en asamblea, con cada elector que le dio el voto. Dichas asambleas, mediante la organización del sistema, no serán para decidir qué problema transferir a los estamentos superiores para esperar de ellos la solución, sino que serán para solucionarlos por si mismas, siendo tan ágiles en la resolución práctica, que muchos ni siquiera trascenderán más allá de los primeros niveles; y por esta misma razón, el poder real no estará alejado del pueblo y en los niveles superiores, como ocurre en la actualidad, sino en los inferiores, al alcance y control de los votantes directos. Por este medio, los problemas reales de la gente, serán solucionados por consejos reales de la misma gente, y no por personas que ni los conocen, ni los representan, ni se acuerdan que ellos existen más que cuando requieren de su voto. Los actuales políticos, cesados sus mandatos, deberán apelar a sus profesiones civiles para poder solicitar del conjunto de la sociedad, los beneficios que el conjunto de la sociedad disfrutará. Y el poder real estará en manos de la gente real, que trabaja todos los días y, por ello, está al tanto de los problemas reales de todos los días.

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