I
Este será otro de los difíciles escollos en el
camino del cooperativismo. No la política en sí, pues incluso El cooperativismo
es política, sino los políticos propiamente dichos. La estructuración
partidaria y de fuerzas representativas es tan radicalmente opuesta a los
planteos cooperativistas, que su disolución absoluta se revela indispensable;
y, sabemos que esto no será bien tomado por todos aquellos que han hecho de la
política su modo de vida.
No hace falta recordar que Sócrates dijo que:
“Para que una democracia sea, la metrópoli debe estar regida por los pobres,
pues siempre son los pobres mayoría en todos los pueblos”, para comprender que
esto que hoy llamamos democracia, no es tal. El concepto democrático es algo
muchísimo más amplio que la simple elección de representantes, no por nada “La
República” de Platón, consta de doce volúmenes.
El régimen imperante en la actualidad está
relacionado con otro término, aunque también griego, que es: “Plutocracia”.
Palabrita, convenientemente, casi erradicada de los salones de estudio y
ámbitos de debate, que sostenía la filosofía que: “Solo los ricos son aptos
para acceder a cargos electorales” Lo cual es más acorde a la realidad, pues
todos los candidatos, para tener pretensiones reales de alcanzar algún cargo,
deben contar con enormes fortunas en sus haberes.
La representación partidaria a degenerado el
fin que dice promover, y la inmensa mayoría de los votantes no solo, no tiene
acceso a los líderes del partido que dice representarlos, sino que esos mismos
líderes se mantienen distantes de sus propios electores. La elección
representativa ha sido corrompida de tal modo, que los representantes del
pueblo devienen en representantes de las corporaciones que financiaron su
acceso al poder, y en la mayoría de los casos, los intereses de esas
corporaciones son ajenos a los intereses del pueblo. Ni aún la votación de los
concejales de un municipio se realiza en conocimiento del electorado con esos
concejales, sino que el elector vota a la figura de un intendente que promete
representarlos, (Pero tampoco los conoce) y bajo su ala, se apiñan representantes
zonales desconocidos por todos.
Sin embargo, cuando el cooperativismo alcance
el gobierno, tendrá que hacerlo amparado por el sistema que rige actualmente,
(No hay forma de hacerlo de otro modo, sin recurrir a la violencia o el
derramamiento de sangre; y ese no es el anhelo ni el espíritu de nuestro
movimiento) pero sus partidarios y representantes sabrán fehacientemente que
sus votos y cargos seculares serán únicamente la excusa para la transformación.
La transformación cooperativista deberá, por un breve momento, cohabitar con el
sistema actual; pero cuando el cambio esté en marcha, y los cotos empiecen la
organización social mencionada en las anteriores páginas, los delegados serán
una fuerza real mucho más poderosa que los concejales representantes de nadie,
y los intendentes elegidos por empresas; y el común de la gente empezará a
prescindir por sí misma de los viejos métodos de gobierno.
Cuando el proceso de conformación de
estamentos cooperativos esté en marcha, los actuales mandos de la política empezarán
a perder poder, y, aunque intentarán ser una fuerza correlativa mientras dure
su mandato, finalizado este, la transformación social ya será tal, que nadie
correrá a las urnas a votar un representante, sino que los elegirá levantando
la mano en un coto, o un barrio, o una comuna, etc. Al final, el grupo de
delegados reunidos en la central nacional, tendrá más facultades organizativas
que el propio presidente del viejo sistema, y sus funciones cesarán.
Al convertir la plutocracia representativa
actual en una democracia directa, cada delegado deberá consultar las
decisiones, en asamblea, con cada elector que le dio el voto. Dichas asambleas,
mediante la organización del sistema, no serán para decidir qué problema
transferir a los estamentos superiores para esperar de ellos la solución, sino
que serán para solucionarlos por si mismas, siendo tan ágiles en la resolución
práctica, que muchos ni siquiera trascenderán más allá de los primeros niveles;
y por esta misma razón, el poder real no estará alejado del pueblo y en los
niveles superiores, como ocurre en la actualidad, sino en los inferiores, al
alcance y control de los votantes directos. Por este medio, los problemas
reales de la gente, serán solucionados por consejos reales de la misma gente, y
no por personas que ni los conocen, ni los representan, ni se acuerdan que
ellos existen más que cuando requieren de su voto. Los actuales políticos,
cesados sus mandatos, deberán apelar a sus profesiones civiles para poder
solicitar del conjunto de la sociedad, los beneficios que el conjunto de la
sociedad disfrutará. Y el poder real estará en manos de la gente real, que
trabaja todos los días y, por ello, está al tanto de los problemas reales de
todos los días.
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