I
La calidad educacional de los individuos es,
en la actualidad, una de las deficiencias más grandes que se pueden encontrar
en la sociedad. No solo por el bajo nivel cultural de la población en general,
sino porque aún quienes han cumplido con los ciclos básicos o incluso muchos de
los cuales han atravesado el nivel terciario, sucumbieron a un sistema de
sometimiento del conocimiento que ha coartado absolutamente su capacidad
intelectual. La educación actual se basa exclusivamente en la aceptación tácita
que aquello que se enseña es la verdad cuasi absoluta, y aún al promover
debates, en los ámbitos más propensos a ellos, siempre es el moderador quién
termina generando una tendencia de pensamiento hacia una conclusión
preconcebida.
Por ejemplo, se ve en los cursos de historia.
Al enseñarse un hecho en particular cómo se orienta al alumnado en la
comprensión predeterminada de ese hecho. Tal guerra, se dice, se debió a tales
intereses y produjo tales consecuencias. Pero no se dan a conocer todos los
factores que intervinieron en el conflicto, sino solo aquellos a los cuales
refiere la historia oficial. Otro ejemplo más sutil podría ser que Descartes
dijo que había que: “cuestionar las verdades más comúnmente admitidas”, sin
embargo esta máxima se da por sentada y no se cuestiona al enseñarnos a
Descartes, echando por tierra el principio fundamental de aquello que se está
enseñando. Es decir, no se estimula el pensamiento crítico de los jóvenes, sino
que se les enseña a dar por sentado determinados sucesos, basándolos en la
deficiente información suministrada (Muchas veces, con fines tendenciosos).
Los ejemplos citados no tienen carácter
literal, (Aunque son bastante literales en las aulas) sino de concepto. La
educación actual está basada en la aniquilación del pensamiento propio, a favor
del sometimiento a la autoridad, en este caso el docente (En representación del
estado o el sistema regente) La finalidad de la educación actual no es crear
ciudadanos críticos y libre pensantes, sino personas las cuales necesiten de
orientación constante en la formación de sus ideas. Cualquier alumno
medianamente despierto, descubre fácilmente que el secreto para pasar de año
sin complicaciones no está en el saber, sino en saber qué desea el profesor que
él le responda. Si observamos, aunque mal no sea superficialmente, la educación
terciaria, podremos ver jóvenes saturados de información, sobre exigidos en las
respuestas, y mal descansados. No puede ser casual que esos sean tres de los
fundamentos básicos que utilizan las sectas religiosas para lavar el cerebro de
sus captados. Obligar a jóvenes de poco más de veinte años, a dar respuestas
específicas sobre tres libros, de 250 páginas cada uno, que debieron leer y
entender en tres semanas; no es la forma de desarrollar el intelecto crítico y
analítico de un individuo, sino de hacerles decir aquello que se quiere, sin
darles la posibilidad de cuestionar en contrario. Y aunque la persona
desarrolle con el tiempo un pensamiento crítico y propio, el trabajo para
romper la tendencia adquirida del no cuestionamiento, o del sometimiento a una
figura de autoridad que piense por nosotros, o facilite nuestra tarea, será en
extremo dificultoso.
Y, finalmente, el sistema educativo actual
está basado en el egreso de masa laboral
desde un planteo mercantilista, donde los futuros profesionales, en la gran
mayoría de los casos, eligen sus carreras pensando en la rentabilidad, y no en
su vocación o en el servicio a la comunidad.
II
Por esto mismo la educación será, en el
cooperativismo, uno de los aspectos más importantes a reformular. Una sociedad
seria y madura, requiere de individuos que, no solo tengan la posibilidad de
elegir sus carreras basados en sus vocaciones, sino que además sean capaces de
cuestionar y resolver los problemas que se le presentan, sin esperar a la
autoridad de turno que le diga cómo hacerlo. El alumno debe descubrir el
conocimiento, no someterse a él; y para ello es necesario un sistema educativo
que ponga especial atención en las particularidades de cada alumno, y sepa
desarrollarlas. La currícula no puede ser un compartimiento estanco en el cual
amoldar el pensamiento de un grupo, sino que al revés. El docente, deberá hablar con su clase, no
dictar cátedra; haciéndole sentir al niño que cada una de sus palabras tiene valor
y es capaz de modificar su propio planteo original. No todos los alumnos tienen
capacidades para las mismas materias, y habrá que discriminar con cuidado las
tendencias del alumnado para organizar los grupos conforme a sus inclinaciones
particulares, a fin de hacer de las horas de estudio algo de verdadero interés,
y no una carga difícil de sobrellevar. Los niños en particular, son seres
ávidos de conocimiento, todo es un nuevo descubrimiento para ellos; y no es
posible que el sistema educativo, en vez de estimular ello, lo coarte y
reprima. Cuando se estudie un hecho puntual, no tendrá que haber una única
conclusión ineludible para que la calificación del alumno sea óptima, sino que,
si el planteo es lógico y la posibilidad real, será válida la respuesta. No
todas las ciencias son tan estrictas como 2+2=4, y hay muchas formas de llegar
a una respuesta correcta. El sistema de calificaciones es, en su fundamento, un
método represivo que exige del estudiante la conformidad del profesor por sobre
el conocimiento real de un hecho o planteo, y debe ser modificado por otro que
premie el desarrollo personal y propio del conocimiento, aun cuando no coincida
con el planteo inicial del profesor.
No proponemos aquí una crítica al
conocimiento, sino a la forma de suministrarlo y transferirlo a las futuras
generaciones. El ser humano a evolucionado enormemente en su capacidad
intelectual y científica, eso no tiene discusión, lo que planteamos no es la
deficiencia del conocimiento, sino la forma tendenciosa y manipuladora con la
cual se ha venido administrando en los últimos, al menos, cien años. Si con un
modelo educativo tan deficiente se han logrado tales resultados, cuanto más se
logrará con un modelo que desarrolle al máximo las capacidades dormidas de la
mayoría de los alumnos.
El sistema actual necesita personas que
pregunten qué hacer a cada paso, o que resuelvan los problemas como el estado
los resolvería; y así los educa. El sistema cooperativista necesitará
individuos capaces de resolver los desafíos por sí mismos, sin esperar que les
digan qué hacer; y así deberemos educarnos.
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