miércoles, 16 de enero de 2013

La educación



I
 La calidad educacional de los individuos es, en la actualidad, una de las deficiencias más grandes que se pueden encontrar en la sociedad. No solo por el bajo nivel cultural de la población en general, sino porque aún quienes han cumplido con los ciclos básicos o incluso muchos de los cuales han atravesado el nivel terciario, sucumbieron a un sistema de sometimiento del conocimiento que ha coartado absolutamente su capacidad intelectual. La educación actual se basa exclusivamente en la aceptación tácita que aquello que se enseña es la verdad cuasi absoluta, y aún al promover debates, en los ámbitos más propensos a ellos, siempre es el moderador quién termina generando una tendencia de pensamiento hacia una conclusión preconcebida.
 Por ejemplo, se ve en los cursos de historia. Al enseñarse un hecho en particular cómo se orienta al alumnado en la comprensión predeterminada de ese hecho. Tal guerra, se dice, se debió a tales intereses y produjo tales consecuencias. Pero no se dan a conocer todos los factores que intervinieron en el conflicto, sino solo aquellos a los cuales refiere la historia oficial. Otro ejemplo más sutil podría ser que Descartes dijo que había que: “cuestionar las verdades más comúnmente admitidas”, sin embargo esta máxima se da por sentada y no se cuestiona al enseñarnos a Descartes, echando por tierra el principio fundamental de aquello que se está enseñando. Es decir, no se estimula el pensamiento crítico de los jóvenes, sino que se les enseña a dar por sentado determinados sucesos, basándolos en la deficiente información suministrada (Muchas veces, con fines tendenciosos).
 Los ejemplos citados no tienen carácter literal, (Aunque son bastante literales en las aulas) sino de concepto. La educación actual está basada en la aniquilación del pensamiento propio, a favor del sometimiento a la autoridad, en este caso el docente (En representación del estado o el sistema regente) La finalidad de la educación actual no es crear ciudadanos críticos y libre pensantes, sino personas las cuales necesiten de orientación constante en la formación de sus ideas. Cualquier alumno medianamente despierto, descubre fácilmente que el secreto para pasar de año sin complicaciones no está en el saber, sino en saber qué desea el profesor que él le responda. Si observamos, aunque mal no sea superficialmente, la educación terciaria, podremos ver jóvenes saturados de información, sobre exigidos en las respuestas, y mal descansados. No puede ser casual que esos sean tres de los fundamentos básicos que utilizan las sectas religiosas para lavar el cerebro de sus captados. Obligar a jóvenes de poco más de veinte años, a dar respuestas específicas sobre tres libros, de 250 páginas cada uno, que debieron leer y entender en tres semanas; no es la forma de desarrollar el intelecto crítico y analítico de un individuo, sino de hacerles decir aquello que se quiere, sin darles la posibilidad de cuestionar en contrario. Y aunque la persona desarrolle con el tiempo un pensamiento crítico y propio, el trabajo para romper la tendencia adquirida del no cuestionamiento, o del sometimiento a una figura de autoridad que piense por nosotros, o facilite nuestra tarea, será en extremo dificultoso.
 Y, finalmente, el sistema educativo actual está basado en el egreso  de masa laboral desde un planteo mercantilista, donde los futuros profesionales, en la gran mayoría de los casos, eligen sus carreras pensando en la rentabilidad, y no en su vocación o en el servicio a la comunidad.

II
 Por esto mismo la educación será, en el cooperativismo, uno de los aspectos más importantes a reformular. Una sociedad seria y madura, requiere de individuos que, no solo tengan la posibilidad de elegir sus carreras basados en sus vocaciones, sino que además sean capaces de cuestionar y resolver los problemas que se le presentan, sin esperar a la autoridad de turno que le diga cómo hacerlo. El alumno debe descubrir el conocimiento, no someterse a él; y para ello es necesario un sistema educativo que ponga especial atención en las particularidades de cada alumno, y sepa desarrollarlas. La currícula no puede ser un compartimiento estanco en el cual amoldar el pensamiento de un grupo, sino que al revés.  El docente, deberá hablar con su clase, no dictar cátedra; haciéndole sentir al niño que cada una de sus palabras tiene valor y es capaz de modificar su propio planteo original. No todos los alumnos tienen capacidades para las mismas materias, y habrá que discriminar con cuidado las tendencias del alumnado para organizar los grupos conforme a sus inclinaciones particulares, a fin de hacer de las horas de estudio algo de verdadero interés, y no una carga difícil de sobrellevar. Los niños en particular, son seres ávidos de conocimiento, todo es un nuevo descubrimiento para ellos; y no es posible que el sistema educativo, en vez de estimular ello, lo coarte y reprima. Cuando se estudie un hecho puntual, no tendrá que haber una única conclusión ineludible para que la calificación del alumno sea óptima, sino que, si el planteo es lógico y la posibilidad real, será válida la respuesta. No todas las ciencias son tan estrictas como 2+2=4, y hay muchas formas de llegar a una respuesta correcta. El sistema de calificaciones es, en su fundamento, un método represivo que exige del estudiante la conformidad del profesor por sobre el conocimiento real de un hecho o planteo, y debe ser modificado por otro que premie el desarrollo personal y propio del conocimiento, aun cuando no coincida con el planteo inicial del profesor.
 No proponemos aquí una crítica al conocimiento, sino a la forma de suministrarlo y transferirlo a las futuras generaciones. El ser humano a evolucionado enormemente en su capacidad intelectual y científica, eso no tiene discusión, lo que planteamos no es la deficiencia del conocimiento, sino la forma tendenciosa y manipuladora con la cual se ha venido administrando en los últimos, al menos, cien años. Si con un modelo educativo tan deficiente se han logrado tales resultados, cuanto más se logrará con un modelo que desarrolle al máximo las capacidades dormidas de la mayoría de los alumnos.
 El sistema actual necesita personas que pregunten qué hacer a cada paso, o que resuelvan los problemas como el estado los resolvería; y así los educa. El sistema cooperativista necesitará individuos capaces de resolver los desafíos por sí mismos, sin esperar que les digan qué hacer; y así deberemos educarnos.

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