I
La industria en el sentido automotriz y
electrodoméstico se encuentra completamente distorsionada y será menester del
Cooperativismo readecuarla a la nueva situación. El sistema imperante en la
actualidad ha hecho del consumo el motor de la economía, exacerbando con esto
la necesidad del cambio constante de productos por el simple hecho de mantener
la industria en movimiento, con fines solamente gananciales. Constantemente
salen al mercado nuevos modelos de lavarropas, heladeras, televisores, o
automóviles, que solo difieren de los anteriores en cuestiones de apariencias
más que de evolución tecnológica real. Esto es así porque el método
mercantilista necesita del constante consumo para sobrevivir, consumo que,
entre otras cosas, depreda los recursos naturales.
Abolido el dinero, dicha lógica del consumo
será obsoleta, y por lo tanto la producción industrial podrá abocarse a aquello
que siempre debió abocarse, el desarrollo tecnológico y el mejoramiento real de
la calidad de vida. Así, ya no será necesario cambiar de televisor cada seis
meses, o de heladera cada año, o de auto cada dos años. Y de este modo, la
producción podrá alcanzar a todos los hogares y no a una minúscula minoría.
Tanto la industria electrodoméstica como la automotriz, tiene aseguradas largas
décadas de trabajo a los niveles de producción actual para poner al conjunto de
los habitantes del mundo en igualdad de condiciones. Décadas en las cuales
aquellos que ya obtuvieron sus productos no se verán compelidos a correr cada
seis meses a reemplazarlos por otros nuevos que solo cambiaron el color de su
superficie, la forma de un foquito, o el diseño de una manija. Como tampoco por
aquellos que, desde la publicidad de una marca competidora, ofrecerán
alternativas más apetecibles; pues la competencia entre marcas por dominar un
mercado habrá cesado, y todas las empresas Cooperativistas trabajarán
mancomunadamente en el fin común de proveer a todos los individuos del planeta
de todas las cosas que necesitan.
Las automotrices ya no se verán obligadas a
crear nuevos nichos de mercado para ofertar sendos modelos y ganarle a sus
competidoras, pudiendo abocar su esfuerzo y tecnología a optimizar tres o
cuatro productos por firma, que no competirán con los otros, sino que podrían
complementarse, especificarse por características de la región en la cual se
hallen, o incluso responder simplemente a una preferencia empírica del
consumidor por dicha marca.
II
La distribución automotriz podría
implementarse en términos similares a las habitacionales. Con modelos
específicos para situaciones determinadas como podrían ser: solteros, casados,
familias numerosas, ciudad, campo, etc. También podría acordarse un periodo de
tiempo en el cual sería apto cambiar el vehículo por otro nuevo, (Por ejemplo 5
años) entregando el usado para desguace y reciclamiento íntegro de sus partes.
Sin lugar a dudas la racionalización en la
industria será, durante un largo tiempo, muy necesaria. Pues jamás un
Cooperativista debería pensar en acceder, por ejemplo, a un auto más para su
hogar, si en el mundo hay un hombre o mujer que aún no tiene el suyo. Pero
cuando todos los seres humanos estén en igualdad de condiciones, cualquier tipo
de regulación en el suministro de productos solo podrá ser dada por los niveles
de producción, y estos, con todos los hombres y mujeres del mundo empleados en
el sostenimiento de la sociedad, serán suficientes para que dicha
racionalización no sea necesaria.
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